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LA MATANZA DE TEXAS (2004)
(The Texas chainsaw massacre)


Dirección: Marcus Nispel.
País:
USA.
Año: 2003.
Duración: 95 min.
Género: Terror.
Interpretación: Jessica Biel (Erin), Jonathan Tucker (Morgan), Erica Leerhsen (Pepper), Mike Vogel (Andy), Eric Balfour (Kemper), Andrew Bryniarski (Thomas Hewit), Lauren German (Chica adolescente), R. Lee Ermey (Sheriff Hoyt), David Dorfman (Jedidiah), Marietta Marich (Luda May).
Guión: Scott Kosar; basado en un argumento de Kim Henkel y Tobe Hooper.
Producción: Michael Bay y Mike Fleiss.
Música: Steve Jablonsky.
Fotografía:
Daniel C. Pearl.
Montaje: Glen Scantlebury.
Diseño de producción: Gregory Blair.
Dirección artística: Scott L. Gallagher.
Vestuario: Bobbie Mannix.
Estreno en USA: 17 Octubre 2003.
Estreno en España: 21 Mayo 2004.

CÓMO SE HIZO "LA MATANZA DE TEXAS (2004)"
Notas de producción © 2003 UIP

  La primera Matanza de Texas es un éxito desde su estreno en 1974, dejando al público boquiabierto con su realismo escalofriante. La horrenda historia, basada en una serie de hechos reales, es considerada como uno de los grandes thrillers de todos los tiempos y un hito en el género de terror que ha influido a incontables películas. A pesar de que la película se rodó con un presupuesto inferior a los 150.000 dólares, recaudó más de cien millones en el mundo entero y se convirtió en una película de culto para millones de fans. La película forma parte de la iconografía de la cultura popular gracias a su malvado y amenazante personaje, “Leatherface”. Este personaje sigue siendo uno de los malos clásicos más famosos y la película se ha convertido en la escala de terror por la que se miden las producciones modernas del género.

  La matanza de Texas II es la primera producción de Platinum Dunes, una asociación entre el cineasta Michael Bay y Radar Pictures. Bay es el fundador de Platinum Dunes con sus socios Andrew Form y Brad Fuller. “La idea surgió muy poco antes de que fundáramos la productora”, nos explica Michael Bay. “Me apetecía producir La Matanza de Texas aunque sólo fuera por el peso que tiene el título. Tiene una calidad mítica al ser una de las primeras películas de su género”. El productor ejecutivo Ted Field, que es además ejecutivo jefe de Radar Pictures, recuerda: “Cuando Michael y yo decidimos meternos en esto, nos dimos cuenta casi inmediatamente de que La matanza de Texas II era la película perfecta para lanzar Platinum Dunes. Es un verdadero símbolo y una película así deja claro desde un principio de qué va una productora como Platinum Dunes”. “Nos encantó la idea porque el público principal será masculino y tendrá menos de 25 años, y aunque a la mayoría le sonará el título, el 90% no habrá visto la película original”, añade el productor ejecutivo Andrew Form. A pesar de que se han rodado varias secuelas de la película original, los productores estaban convencidos de que los elementos más escalofriantes se habían dejado de lado. “El primer error es pensar que la película original es truculenta”, nos explica Brad Fuller, el productor ejecutivo. “Tiene escenas muy inquietantes, pero sólo hay cuatro segundos de sangre. Asusta más el concepto que las imágenes”.

  Para poder levantar el proyecto y conseguir que los distribuidores se interesasen por la película, Bay realizó un tráiler en el que se ve una pantalla negra y se oye a Leatherface perseguir a una joven dentro y fuera de una vieja casa. En los últimos diez segundos se ven las imágenes acompañadas por el ruido chirriante de la sierra mecánica. El resultado fue asombroso. El tráiler estuvo en boca de toda la industria y, como consecuencia, obtuvieron contratos para la distribución nacional con New Line Cinema e internacional con Focus Features. Ted Field nos explica: “Por eso pudimos financiar la película con tanta rapidez. El público internacional suele responder bien a los thrillers, pero era imposible imaginar la reacción que despertó el tráiler de Michael”. “Ninguno de nosotros imaginaba que el tráiler produjese una reacción tan absolutamente positiva”, nos dice Brad Fuller. “Era como si hubiese despertado algo, como si comunicara la inquietud que queremos que sienta el público cuando vea la película”.

  Sin embargo, había una complicación: Radar Pictures y Platinum Dunes disponían de poquísimo tiempo para montar el proyecto. “Sólo pudimos comprar los derechos por un periodo de seis meses”, nos explica Field. “El guión final y la producción debían estar terminados en ese periodo de tiempo. Era todo un reto”. “Queríamos un guionista capaz de hacerse con los mejores elementos de la película original además de inyectarle ideas nuevas”, nos dice Andrew Form. “Cuando se estrenó La matanza de Texas hace casi 30 años, parte del público pensó que era una “snuff movie”. Basta con conseguir que la gente use su imaginación en vez de enseñárselo todo para que la tensión aumente, ése fue el gran don de la primera película”. Con esa idea los productores se pusieron en contacto con Scott Kosar, el guionista de The Machinist. “Queríamos que la película se basara en un terror psicológico y no visceral,” nos comenta Brad Fuller. Los productores querían reunir los elementos de miedo de la película en un grupo de personajes que se encuentran en una situación totalmente aberrante. “Cuando nos vimos con Scott Kosar por primera vez, su descripción de la primera secuencia con la autoestopista fue tan devastadora que impuso el tono para la película que queríamos”, añade Andrew Form. Kosar era fan de la película original y le encantaba la idea de intentar sacarle algo nuevo. “Cuando me enteré de que era un remake de la película, me sentí algo intimidado por la idea de reescribir un clásico”, nos comenta el guionista. “Después de la primera reunión, me di cuenta de que no querían explotar el material existente, sino que estaban empeñados en realizar una versión aterradora de la película original que funcionase a base de suspense y terror psicológico y no de repulsión”.

  Mientras Kosar preparaba el primer borrador del guión, los productores empezaron a buscar un director y pensaron en Marcus Nispel, un director de publicidad muy visual y de gran éxito actualmente. Hacía tiempo que Ted Field admiraba a Nispel; ya le había contratado para dirigir vídeos musicales para artistas de Interscope Records (“No Doubt” fue uno de los más famosos) y habían desarrollado varios proyectos juntos. A pesar de que varios directores se interesaron por el proyecto, Michael Bay también se inclinó por Nispel. “Siempre me ha gustado el trabajo de Marcus”, dice. “He crecido en este negocio, sé lo que hace y siempre he querido trabajar con él. Tiene una visión estupenda y sus filmaciones son asombrosas”. Nispel, que ha dirigido más de mil anuncios y vídeos musicales, ha sido galardonado con casi todos los premios existentes de la industria publicitaria y musical. El proyecto le atrajo de inmediato, sobre todo por la decisión de los productores de salirse del camino habitual a la hora de seleccionar el equipo creativo. “Me gustan las películas que van por otros derroteros”, nos dice Nispel. “Empecé a leer el guión y no podía dejarlo”. Nispel se presentó en la primera reunión con los productores bien preparado. “Trajo unas fotos sacadas de revistas, eran asombrosas, totalmente retorcidas”, recuerda Bay. “Tenía muchas ideas buenas”. Para Nispel sería su primer largometraje y estaba entusiasmado con la idea de trabajar con Bay como productor. “Me pareció una oportunidad única para trabajar con alguien que había cambiado Hollywood al mezclar lo mejor del mundo de la publicidad con lo mejor del cine”, dice. “Los anuncios son carreras de velocidad, las películas son maratones. Y él, más que nadie, me ha permitido recurrir a los mejores velocistas y a los mejores corredores de fondo para formar mi equipo”.

  La primera persona a la que Nispel llamó fue al director de fotografía Daniel Pearl, con el que había colaborado en muchos anuncios y vídeos musicales por los que ha sido premiado. Pearl ya había trabajado con Michael Bay con anterioridad. También da la casualidad de que Pearl es el director de fotografía de la película original que Tobe Hooper dirigió en 1974. Era una oportunidad única para él: podía aportar una nueva dimensión a la escalofriante historia y convertirse en el primer director de fotografía en hacer un remake de su primera película. “Hace años que Daniel me habla de la primera Matanza de Texas, nos dice Nispel. “Me gustó lo que hizo entonces. Quería volver a dar esa vibración tan realista a la nueva versión y, a la vez, quería que Daniel tuviera bastante espacio para aportar lo que ha aprendido en todos estos años de trabajo conjunto. Se lo pensó mucho y acabó contestándome algo increíble: ‘La matanza de Texas es todo lo que soy, si no estoy a la altura con ésta, no soy nada’. Supe entonces que podía contar con él”. Al parecer, el azar se empeñó en que Pearl regresara a Austin, Texas, la ciudad donde realizó sus estudios universitarios y empezó su carrera cinematográfica. “Me parece una extraña coincidencia que este proyecto saliera adelante. Durante los últimos cinco o seis años, he realizado mis mejores trabajos y me he divertido como nunca colaborando con Marcus en anuncios y vídeos musicales”, dice Pearl. “La película está en el Museo de Arte Moderno y, sinceramente, hacer un remake representaba un reto tremendo para mí. Gran parte de lo que soy hoy en día se basa en lo que empecé con La matanza de Texas”.

  Para los productores era de vital importancia que la película se rodara en los mismos decorados naturales que la primera para capturar la autenticidad visual del Texas rural. “Texas tiene muchas cosas a su favor”, nos comenta Michael Bay. “Hay lugares donde el tiempo se ha detenido. Luego, es un sitio de lo más fotogénico, el cielo es grandioso. Y también tienen técnicos de primera”. Bay pidió a Richard Klotz, el jefe de localizaciones, que fuera a Texas e hiciera unas cuantas fotos antes de irse a Miami a empezar otra película de Bay, Dos policías rebeldes II. Estuvo allí una semana y regresó con fotos estupendas de unos sitios escalofriantes. Parecían sacados del guión”, dice Bay. En principio, Marcus pensó en filmar en Palmdale, California, para reducir los costes, pero las fotos de Klotz le hicieron cambiar de opinión. “Marcus pensó que bajaríamos los costes si no nos desplazábamos a Texas”, recuerda Bay que ya había rodado en Texas. “Pero le dije: Tienes que rodar en Texas, no vas a creer lo que encontrarás allí”. Nispel cree que la calidad de la producción se debe en gran parte a los decorados naturales que encontraron en Texas. “Nadie tira nada en Texas”, dice. “Necesitábamos 25 localizaciones para la película. Era un problema si tomamos en cuenta que teníamos un calendario de rodaje de 39 días. Fue posible porque encontramos tres decorados de tal magnitud y con tantas facetas que pudimos rodar la mayoría de la película allí mismo”.

  Una vez decidido que la película se rodaría en los alrededores de Austin, los productores volcaron sus esfuerzos en encontrar actores capaces de dar vida a los cinco universitarios que cruzan Texas en una camioneta. “Cuando empezamos a buscar actores, tuvimos que dejar claro que no era una película con ríos de sangre”, explica Andrew Form, el productor ejecutivo. “Durante la primera media hora no ocurre nada que dé miedo. Vemos a los cinco jóvenes viajando, lo pasamos bien con ellos, les conocemos. Cuando empezó a correr la voz de que no queríamos hacer la clásica película de miedo, se nos abrieron muchas puertas y tuvimos acceso a muchos más actores”.

  Lo más importante era encontrar a la actriz adecuada para el papel de Erin, la protagonista, una chica guapa con carácter que saca fuerza y determinación de donde no las hay y consigue escaparse de unas circunstancias salvajes. Este personaje es el núcleo y el motor de la historia. “Al escribir el guión, Scott Kosar describió a cada uno de los personajes. Dijo de Erin que sería Miss Texas si no actuase como un chico”, recuerda Form. Él y Brad Fuller decidieron llevar a Biel a un partido de los Lakers para conocerla mejor. “Nos conquistó nada más verla”, añade. “Es un papel difícil, es una heroína”, dice Michael Bay. “El público debe identificarse con ella, debe ser creíble cuando saca su lado duro. Es una verdadera heroína, Jessica supo construir un personaje duro y sexy a la vez. También aportó una gran dosis de honradez a su interpretación y conseguirá poner al público de su parte”. “Siempre me han encantado las películas de terror”, nos dice Jessica Biel. “Es un género que me ha atraído desde que soy niña; me gusta pasar miedo. Me encantó la primera Matanza de Texas. El guión de esta película era tremendamente realista, supe desde el primer momento que quería hacer el papel de Erin. Es uno de los personajes clave de la película. Cuando las cosas empiezan a irles muy mal, no pierde la cabeza. Se esfuerza en mantener la coherencia dentro del grupo”.

  En la película, Erin representa la conciencia social del grupo de amigos. Cuando Kemper, su novio (Eric Balfour), casi atropella a una adolescente que va andando en medio de una carretera desierta, intenta convencerle de que dé media vuelta para ayudarla. Kemper debe escoger entre el buen corazón de Erin y el deseo más egoísta del resto del grupo que sólo quiere llegar a Dallas para ir al concierto de Lynyrd Skynyrd. Sin saberlo, su decisión pondrá a todo el grupo en grave peligro. Kemper es el líder natural del grupo, pero hace caso a la conciencia de Erin mientras luchan para sobrevivir a las circunstancias en las que se encuentran. “Kemper quiere ser correcto con su chica y con sus amigos”, nos explica Eric Balfour, conocido por interpretar a Gabe en “Seis pies bajo tierra”, la famosa serie de HBO. “Es fuerte a la vieja usanza. Me parece fantástico ser así cuando hay personajes que actúan por desesperación, porque no tienen otra opción”. A pesar de que la situación empeora a marchas forzadas, Kemper no pierde la cabeza. “Es él quien debe decidir si avisar al sheriff del horror que han vivido en la furgoneta”, nos explica Marcus Nispel, el director. “Quiere a Erin y sabe que ella cree que debe ir a buscar ayuda”.

  Marcus Nispel quiso a Balfour para el papel después de verle en “Seis pies bajo tierra” y en un anuncio de coches donde hace el papel del diablo. “Sabía que Eric es el tipo de actor que saca lo mejor de sí mismo si interpreta a un personaje un poco travieso”, nos comenta Nispel. “Eric era el actor ideal para hacer de Kemper”, añade Brad Fuller, el productor ejecutivo. “Por ejemplo, en una cena, Eric es quien cuenta los chistes y decide lo que todo el mundo va a cenar. En la película, Kemper es así, cuida de sus amigos y el público debe creer que podrá sacarles del lío en el que se han metido”.

  Jonathan Tucker hace el papel de Morgan, un universitario cerebral, mordaz y sabelotodo, experto en datos triviales que carecen de importancia. “Morgan es el pragmático”, dice Tucker. “Es inteligente, muy sarcástico, ingenioso, algo pretencioso pero sin llegar a ser pedante. Siempre tiene que explicarlo todo y decir exactamente lo que para él y el público ya es obvio. Intenta que todos piensen antes de actuar, de tomar una decisión”. Tucker consiguió el papel gracias a su determinación, su persistencia y su ingenio. “A pesar de que Jonathan era el que mejor leía el personaje, no nos parecía que encajara físicamente”, nos explica Marcus Nispel. Pero Tucker insistía en que quería el papel y Nispel acabó describiéndole el personaje como “un poco de John Lennon mezclado con Richard Dreyfuss en Tiburón”. Determinado en conseguir el papel, Tucker recurrió a un amigo maquillador que le transformó poniéndole patillas, bigote, gafas redondas, y volvió a presentarse. “Le contraté inmediatamente después de ver la grabación de la prueba y el aspecto que había conseguido”, nos dice Nispel riéndose.

  ¿Quién no conoce a alguien que siempre dice lo que no debe en el momento más inadecuado? En el grupo de amigos de Erin y Kemper, el honor recae en Andy, interpretado por Mike Vogel, un chico incapaz de mantener la boca cerrada, el mejor amigo y compañero mecánico de Kemper. Su encanto natural desaparece tras sus meteduras de patas y su falta de tacto. “Andy es el típico chico que no tiene mala intención, pero que siempre acaba metiendo la pata”, nos dice Vogel. “No es su intención insultar a nadie, pero siempre acaba haciéndolo sin querer. Andy también aporta momentos de alivio cómico para el grupo cuando la situación está demasiado tensa. Siempre acaba por hacer el comentario más estúpido en el momento menos oportuno para que todos digan ‘No es posible que lo haya dicho’ y empiecen a reírse”.

  Ya al principio de la película, el grupo ha recogido a una autoestopista, la preciosa y liberada Pepper (interpretada por Erica Leerhsen) que se empareja inmediatamente con Andy. “Erica fue la primera actriz que escogimos para la película”, nos revela Andrew Form. “Hizo una prueba increíble, pero lo que realmente se me quedó grabado fueron sus tremendos y escalofriantes gritos”. Brad Fuller añade: “Erica es la mejor aulladora que he oído nunca. Era muy extraño verla sentada en esa sala iluminada con potentes focos y lanzar esos tremendos gritos mientras fingía que la perseguía Leatherface”. “Pepper es una hippie de pies a cabeza”, nos dice Leerhsen. “Quiere pasárselo bien y adora a Andy desde el primer momento; tienen una conexión intensa y apasionada”.

  En la película, Erin convence a Kemper para que retroceda y ayude a la adolescente (Lauren German) ensangrentada a quien casi atropellan en una carretera comarcal de Texas. Ya en la furgoneta, la joven extraña no habla hasta que un hecho asombroso les obliga a pedir ayuda al sheriff local, interpretado por el famoso actor R. Lee Ermey, al que Marcus Nispel llama “su arma secreta”. “Cuando buscábamos actores para hacer el papel del sheriff Hoyt, teníamos la esperanza de conseguir a R. Lee, pero no lo creíamos posible debido al presupuesto”, nos comenta Nispel. “Sólo él podía aportar un toque cómico y demente al papel. En opinión de Michael Bay, ese toque era vital para el personaje. Cualquier otro actor diciendo lo mismo no funcionaba, pero R. Lee tenía la habilidad de conseguirlo, era cómico e inquietante a la vez”.

  Una de las piezas cruciales del reparto era el actor que haría de Thomas Hewitt, alias Leatherface, uno de los asesinos más famosos de la historia y cuyo papel no sólo requería una gran fuerza física, sino que fuera capaz de correr bajo el sol de Texas a temperaturas de 37 a 40 grados con la máscara de piel humana y un traje muy pesado. “Lo terrible del personaje de Thomas Hewitt es que carece de premeditación; sólo es una máquina de matar”, nos explica Brad Fuller. “Es un personaje sin conciencia. No hay nada que le detenga, puede hacer lo que le plazca”. El productor ejecutivo cree que uno de los rasgos más inquietantes de Leatherface es su absoluta impasibilidad. “Queremos que el público saque sus propias conclusiones de por qué Leatherface es como es”, añade Fuller. Al final se escogió a Andrew Bryniarski para el papel, pero lo más difícil fue mantener en secreto la identidad del actor durante el rodaje y la posproducción. Los otros actores secundarios, todos de gran talento, que completan el reparto son David Dorfman (The Ring, la señal) en el papel de Jedidiah, el joven tejano; Terrence Evans como el viejo Monty atrapado en una silla de ruedas; Heather Kafka como Henrietta y Marietta Marich como Luda May.

  Una vez completado el reparto, tanto los productores como el director estaban encantados. “Cuando acabamos con las primeras pruebas, nos sentamos y apuntamos los actores que más nos gustarían para la película. Los conseguimos todos”, nos dice Marcus Nispel. “Ya sé que suena a lugar común, pero es verdad. Los actores que queríamos contratar tenían la misma reacción y sentían lo mismo que nosotros al leer el guión”. Andrew Form, el productor ejecutivo, está de acuerdo: “Cuando decidimos que La matanza de Texas II sería la primera película que produciría Platinum Dunes, nuestro objetivo era hacer una película que fuera diferente de lo que se había visto hasta ahora. Fue posible en parte gracias a un guión genial escrito por Scott Kosar; también por tener un director visionario del calibre de Marcus Nispel dirigiendo la película. Pero la última pieza del rompecabezas descansa en un reparto ecléctico e inusual. Con esta película, intentamos conseguir algo que nadie ha hecho en mucho tiempo y, por suerte, los actores que escogimos se dieron cuenta de lo que esto representaba”.

  Con el reparto asegurado, empezaron a preparar el rodaje de 39 días que tendría lugar en diversos pueblos cercanos a Austin, Texas. Se acercaba el comienzo del rodaje y los productores y el director tomaron una decisión poco habitual, la de rodar la película cronológicamente siempre que fuera posible. “Intenté evitar que Marcus volviera a cometer los mismos errores que yo”, nos explica Michael Bay, el productor. “Si existe la posibilidad de rodar cronológicamente, es mejor hacerlo. Cualquier director lo haría, no sólo porque ayuda a los actores a mejorar su interpretación, sino porque es una gran ayuda para la continuidad. Rodar sin cronología equivale a abrir la caja de Pandora. Pudimos rodar una gran parte en orden cronológico y creo que fue de una gran ayuda”. También era necesario preparar a los actores mentalmente para los momentos más difíciles y más terroríficos de la película. “Un rodaje cronológico ayudó a Jessica a preparar su personaje y a dar a su interpretación la emoción y el esfuerzo físico que le requeríamos”, nos dice Andrew Form.

  Otra ventaja es que se pasó de rodar de día a rodar de noche sin grandes inconvenientes para nadie. “Las películas no suelen rodarse cronológicamente, pero pensamos que tenía sentido filmarla de este modo ya que la historia empieza a las 2 ó 3 de la tarde y acaba a las 6 de la mañana”, añade Form. Uno de los mayores retos era terminar todos los diálogos de las secuencias en la furgoneta durante la primera semana de rodaje. Para conseguirlo, los actores debían adquirir el ritmo y las idiosincrasias de una larga amistad antes de empezar a rodar para que las escenas despidieran esa sensación de realismo que querían obtener el director y los productores. Brad Fuller nos dice: “Si se consigue desarrollar los personajes a ese nivel, el listón ya se pone muy alto. Pensamos que era necesario que los actores se conocieran si queríamos conseguir una dinámica de ese tipo”.

  Entonces se les ocurrió proponer a los cinco protagonistas que vinieran a Texas dos semanas antes del comienzo del rodaje para conocerse e incluso trabar amistad. “Ensayaban durante el día y nos íbamos a cenar todos juntos cada noche”, recuerda Fuller. “Al cabo de la primera semana, empezó algo asombroso. Todos se metieron en el personaje. Su amistad evolucionó de forma natural; no fue algo prefabricado para la película. Cuando se les ve juntos en la pantalla, se nota que son sinceros, que se caen bien”. Jessica Biel está de acuerdo. Le parece “increíble y de gran ayuda que pudiéramos ir a Austin un par de semanas antes del comienzo del rodaje para poder conocernos. Nos llevamos bien casi de inmediato y teníamos la impresión de ser amigos desde siempre. Todos tenemos más o menos la misma edad, así que ninguno nos tomábamos demasiado en serio. Estábamos decididos a pasarlo bien y conseguir que las interpretaciones fueran lo más realistas posible”.

  Así fue como un caluroso día de verano, con cerca de 40 grados, el rodaje empezó en una furgoneta típica de los años 70 en una solitaria carretera comarcal cerca de Taylor, Texas. Dentro de la furgoneta, la temperatura subió a casi 50 grados, pero los actores consiguieron aprovechar tan difíciles condiciones. “Sabía, al firmar el contrato, que hacía calor en Texas en verano, pero no podía imaginarme lo que sería pasar varios días con cinco actores, el director y su equipo en esa sauna que llamaban furgoneta”, recuerda Eric Balfour riéndose. “Reconozco que a veces era muy duro, pero también nos permitió aportar una intensidad muy especial a las escenas, cosa que no habríamos podido hacer en condiciones menos extremas”. “La primera semana fue agotadora”, recuerda Marcus Nispel. “Fue la semana de más calor de todo el rodaje y encima estábamos metidos en esa pequeña furgoneta con focos y cámaras. Nos dejaba sin energía. En condiciones como éstas, ya no hay diferencia entre la película y la producción. Los actores pasan tanto calor que se olvidan de actuar y simplemente viven. Eso hace que las primeras secuencias tengan un elevado nivel de realismo y autenticidad”. Después del dramatismo de la primera secuencia, Erin convence a Kemper y a sus amigos de que deben detenerse y buscar al sheriff, lo que les lleva a la siniestra granja Hewitt dando pie al primer encuentro con el terror en el que pronto se encontrarán sumergidos Erin y sus amigos.

  La granja que sirvió de decorado principal a la película se construyó en 1854 en lo que luego sería el campus de la Universidad de Texas. La construcción fue trasladada en un carro tirado por caballos a un terreno de 750 acres en Taylor, Texas, en los años treinta. La casa, que cuenta con seis habitaciones, había estado deshabitada desde los años sesenta hasta que empezó el rodaje. Para el equipo, lo mejor fue que pudieron usar esta localización para seis decorados diferentes. “La casa Hewitt tiene más de 150 años y es una de las casas más terroríficas e inquietantes que conozco”, nos dice Brad Fuller, el productor. “Es bastante espeluznante”, añade Michael Bay. “Encontramos facturas y talones de los años veinte”. “Era un lugar muy poco tranquilizador y si hicimos nuestro trabajo, el público lo notará”, dice Fuller. Según Marcus Nispel, son los decorados lo que realmente aporta el lado terrorífico a la película. “Tuvimos la suerte de encontrar decorados naturales con mucha historia”, recuerda. “Las casas de los grandes thrillers cinematográficos que se recuerdan siempre son las mismas, la de Psicosis, de Terror en Amityville y del Silencio de los corderos. Esas casas han dejado una impronta en la memoria colectiva del público y esperamos que la casa Hewitt haga lo mismo”.

  Desde el primer día de rodaje, todos quedaron impresionados por la entrega y el esfuerzo físico que Jessica aportaba a su trabajo. “Dudo que hubiéramos podido rodar esta película con otra persona que no fuera Jessica”, dice Andrew Form. “Sentía un profundo interés por su personaje, además de preocuparse mucho para que sus diálogos y gestos fueran de lo más realista. Daba igual que estuviera intentando cablear un coche o escondiéndose en una cámara frigorífica, sabía muy bien cómo iba a hacerlo y nos lo decía. Era una gran ayuda para nosotros porque se convertía literalmente en Erin y conocía el personaje más que ninguno de nosotros”. Form añade que Biel estaba empeñada en hacerlo todo ella misma y que sólo se dejaba doblar si la escena podía ser peligrosa. “Quería hacer todo lo que no conllevaba un gran peligro”, nos dice. “Eso nos permitió rodar escenas en las que se ve realmente a la protagonista, no sólo sus pies o su espalda. Se la ve trepando por una pared, saltar al suelo, huir de su perseguidor”. Biel reconoce que el papel puso a prueba su resistencia física y emocional. “Físicamente, fue todo un reto”, nos dice Biel. “O estaba corriendo por un bosque, o saltando por encima de obstáculos o arrastrando a alguien por la casa. Hago mucho ejercicio, pero hacia el final del rodaje, estaba cubierta de moratones y de cortes. Fue muy duro, pero el público pasa mucho más miedo si ve la cara del personaje en ese tipo de situación”.

  El rodaje también fue duro para los coprotagonistas de Biel, sobre todo para Kemper, su novio en la pantalla, interpretado por Eric Balfour. “Fue toda una experiencia”, nos dice riendo. “Me rompí la mano durante las primeras semanas de rodaje y me pusieron una escayola de quita y pon para que no se notara cuando rodábamos. También tuve que aguantar un par de horas colgado por los pies mientras me echaban agua y sangre por la cara. De vez en cuando me acordaba de que estábamos rodando La matanza de Texas II y que era un sueño hecho realidad para mí porque crecí viendo El exorcista y Poltergeist. Siempre había querido trabajar en una película que pudiera aterrorizar al público”.

  Con un inquietante guión y unos decorados espeluznantes de casas abandonadas, viejos molinos de algodón, una fábrica de latas de carne y carreteras solitarias, la frontera entre realidad y ficción se hacía borrosa durante los intensos rodajes nocturnos que cerraron las seis semanas de duro trabajo.

  “Siempre estoy en un estado mental de pánico en cuanto a mi vida personal”, reconoce la actriz Erica Leerhsen. “Es mi naturaleza, todo me asusta. Marcus se encargó con gran meticulosidad de sumirnos en un ambiente de trabajo que reflejaba la dura realidad de lo que les ocurría a esos cinco jóvenes. En lo que a mí respecta, siempre estaba histérica porque estábamos muy unidos y tenía la sensación de que realmente intentaba salvar a mis amigos”.

  El director Marcus Nispel cree que las altas temperaturas y la dureza física del rodaje fue un reto tanto para los actores como para el equipo, pero que, a la vez, aportó el realismo que buscaba para la película. “O bien pasábamos un calor tremendo, lo que nos agotaba mentalmente, o acabábamos exhaustos después de rodar noche tras noche bajo un diluvio”, recuerda. “Daba igual que rodáramos en exteriores con barro hasta los tobillos o de madrugada bajo la lluvia, el ambiente que creamos afectó a la interpretación de los actores de modo positivo. Al final del rodaje, Jessica se había quedado afónica de tanto gritar y tenía los ojos hinchados como después de un combate de boxeo de tanto llorar. Cuando se añade este tipo de realismo a una gran interpretación, aporta a la película un nivel de realismo muy elevado que cautiva al público y le hace sentir que forma parte de este terrorífico viaje hacia las tinieblas”. A pesar de todas las dificultades planteadas por un plan de rodaje tan corto, el grito de batalla de Nispel “¡Rodamos!”, imitado por todos, se convirtió en la palabra que motivaba tanto al equipo técnico como a los actores para sacar fuerzas de donde no las había.

  “Marcus se entregó a esta película como pocas personas lo habrían hecho”, nos dice Brad Fuller, el productor ejecutivo. “Vivió sólo para la película durante seis meses. Nadie habría podido igualar su pasión, energía y empeño en mantener el nivel de calidad de la película. Es un hombre muy visceral y eso permitió que él y el director de fotografía Daniel Pearl consiguieran un estilo visual lleno de colores y texturas que no se ve mucho en la pantalla hoy en día”. El director de fotografía Daniel Pearl había colaborado con el director en muchos anuncios y vídeos musicales que habían sido premiados, lo que les permitió hablar el mismo lenguaje durante la corta pero intensa preparación de la película. “Marcus sabe muy bien cómo contar una historia y tiene, además, un sentido gráfico muy desarrollado”, nos dice Pearl. “Hemos trabajado unas 25 ó 30 veces cada año durante los últimos cuatro años y hemos conseguido desarrollar una taquigrafía visual que nos permite hablar con gran sinceridad. Decidimos que la iluminación y el estilo de rodaje serían más bien una continuación de lo que yo había estado haciendo con Marcus durante estos últimos años, pero añadiendo un toque tenebroso, intenso, ideal para la gran pantalla”. Para Nispel, saber que Pearl está detrás de la cámara equivale a tener otro par de ojos. Además, Pearl no duda en proponer sus ideas creativas. “Una de las grandes cualidades de Daniel es que no le asusta hablar cuando cree que tiene razón”, nos dice Nispel. “Para mí, es muy importante porque tengo mucho carácter y necesito trabajar con alguien que esté dispuesto a decirme lo que necesita para conseguir una toma. Es casi como tener a otro director a mi lado y eso es una gran ayuda para mí”.

  Con el fin de capturar la estética de la película, Nispel y Pearl no dudaron en adoptar técnicas emprendedoras. “Me gusta iluminar a través de ventanas, puertas y agujeros en el techo siempre que puedo para permitir al director moverse libremente en el espacio iluminado”, nos explica Pearl. “Establecimos el tono de la película mediante una combinación de lentes, ángulos de la cámara y, sobre todo, la iluminación. Utilizamos mayormente lentes de 14 y 17 mm. La iluminación era minimalista, normalmente procedía de una única fuente luminosa combinada con una luz de apoyo”. El particular estilo usado por Nispel y Pearl para capturar personajes y momentos en la película afectaron al diseño de producción de varios exteriores e interiores. “Ante todo, los elementos clave a la hora de escoger el diseño de la película estaban determinados por los decorados y el uso del color”, nos explica Greg Blair, el diseñador de producción. “Queríamos retirar todos los colores de la película y dejarla en una gama de sepias, grises y óxidos. Todos los interiores tienen esas tonalidades apagadas ya que el único toque de color debía ser el rojo de la sangre. Así mismo, muchos decorados fueron diseñados y construidos para que Daniel Pearl pudiera iluminarlos a su gusto. Por ejemplo, en el decorado del sótano, colocamos la mesa de trabajo de Leatherface delante de la única ventana para que se viera su silueta mientras manipulaba a sus víctimas”.

  Dado que muchos de los decorados ya existían, Blair aprovechó los tesoros escondidos que encontró en algunas localizaciones que tenían entre 100 y 150 años. “Los interiores eran un gran punto de partida para diseñar la producción”, nos dice. “Eran decorados fantásticos, cada uno tenía una historia muy suya, pero la granja Hewitt y el sótano de Leatherface fueron mis dos lugares preferidos en lo que a diseño se refiere”. Nispel quería que la casa Hewitt contuviera pequeños “altares a la muerte”. “La idea que teníamos para el sótano era que simbolizara el vientre de la bestia”, nos explica Blair. “Queríamos que goteara y rezumara como si se entrara en las entrañas de Leatherface”. Otra ventaja de la casa Hewitt eran los muebles y objetos originales que contenía. Muchos sirvieron para los decorados. También fue posible hacer agujeros en las paredes, mover suelos y ajustar la casa como mejor convenía. “Teníamos lo mejor de dos mundos. Podíamos rodar en un decorado real que podíamos alterar y cambiar como un decorado en un plató”, nos comenta Nispel. Blair añade: “Para mí esa casa fue como encontrar un tesoro. La mayoría de los muebles y objetos que aparecen en la película ya estaban en la casa. Es verdad que tuvimos que arreglarla y cambiarla, pero trabajamos sobre una buena base. Pulimos y volvimos a barnizar los suelos de madera para que brillaran cuando se iluminaban. También empapelamos el dormitorio de Leatherface porque Marcus quería dejar claro que había crecido en esa casa y que aún seguía con el papel de indios y vaqueros de cuando era niño”.

  Al igual que Daniel Pearl, Blair, el decorador, había trabajado a menudo con Nispel anteriormente. Esa colaboración ayudó mucho a Blair, que nunca había diseñado un largometraje. “A Greg se le da de maravilla resolver problemas”, nos dice Nispel. “No hablamos mucho de los detalles porque acostumbramos a trabajar por ósmosis. Es increíble cómo ha sabido aprovechar lo que Austin nos podía ofrecer”. “Marcus es muy visual, sabía exactamente lo que quería y es asombroso ver cómo Greg Blair sabe descifrar sus ideas”, nos dice Andrew Form, el productor ejecutivo. “Greg y Scott L. Gallagher, el director artístico, consiguieron dar vida a todos los decorados especificados en el guión de una forma que aportó algo muy claro a la estética de la película. No tuvieron el lujo de poder construir un decorado a su medida y se vieron obligados a encontrar decorados existentes que podían adaptar a las necesidades del guión”.

  Aunque La matanza de Texas II transcurre durante un solo día, la película era todo un reto para Kathy Kiatta, la encargada de vestuario. Al igual que los decorados, la ropa debía ser de tonos apagados, ocres y marrones. Además de ser típica de la época debía ir transformándose al mismo tiempo que los actores. “Me habría gustado usar prendas auténticas de los años setenta”, nos explica Kiatta, “pero necesitábamos dos, tres o cuatro prendas iguales para cada caso. Por eso hubo que comprar ropa nueva y envejecerla”. La encargada de vestuario nos explica que cuando habían conseguido que la ropa pareciera usada golpeándola, tiñéndola y lavándola, tenían que volver a lavarla después de cada día de rodaje. “Manchábamos y ensuciábamos cada prenda”, dice Kiatta. “Cada vez que la lavábamos, había que volver a ensuciarla y mancharla; eso significa mucho trabajo. Por ejemplo, el personaje de Jessica empieza con un aspecto limpio; luego viene el aspecto sucio y, al final, el aspecto de moribunda. Eso significa que tuvimos que envejecer su camiseta en tres etapas”.

  A pesar de trabajar con un presupuesto modesto según lo que se acostumbra en Hollywood, Michael Bay cree que el cuidado y el arte que Marcus Nispel y su equipo pusieron en la película trascenderán cualquier idea preconcebida que pueda tener el público. “Pero ésa es mi escuela”, nos comenta Bay. “A pesar de no tener dinero, pusimos el listón muy alto. Marcus es un director genial y todo se basa en él. Pero tuve que rogar, pedir prestado, robar y recordar todos los favores que me debían mezcladores y músicos. Creo que Bob Shaye (el copresidente de New Line Cinema) lo resumió a la perfección cuando dijo: ‘Se nota que fue producida con amor’. La cuidamos mucho, y creo sinceramente que tiene buena pinta”.

  Cuando el rodaje tocaba a su fin, después de rodar en la ciudad tejana de Austin y en pueblos de alrededor como Taylor, Martindale, Hutto y Walburg, el equipo técnico y los actores empezaron a imitar las relaciones de los personajes en la película. “No me metí en este proyecto con muchas ideas preconcebidas”, nos dice Marcus Nispel. “Sabía lo que quería en cuanto a realismo, interpretación y un cierto respeto para que la muerte no fuera asociada a un chiste o a un gesto gratuito. Claro que quería hacerme notar, hacer ruido, pero casi desde el primer día me di cuenta de que el núcleo de la película eran esos cinco jóvenes. No eran simplemente carne de cañón para Leatherface. Se habían convertido en personas a las que se quiere ayudar. Espero que a todos les importe lo que les pasa”.

  Al acabar el rodaje principal en Austin el 21 de septiembre de 2002, todos, actores y equipo, estaban de acuerdo en que habían compartido una experiencia única. “Esta película ha sobrepasado todas mis expectativas”, recuerda Jessica Biel. “El rodaje me puso a prueba mental y físicamente, pero una de las cosas que me tranquilizaba era saber que dos cineastas de la talla de Marcus Nispel y Michael Bay llevaban el timón. Todos nos lo pasamos realmente bien y eso suele notarse en el producto. Espero que las personas que vean esta película, además de pasar un miedo terrorífico, noten lo mucho que disfrutamos rodándola”. “Intentamos crear una experiencia visceral”, nos dice Michael Bay. “Queremos una película sin trucos, sin chistes, que dé vida a la peor pesadilla. Llegar a un pueblecito y no poder irse. Es como un mal sueño. Mi idea era volver a los thrillers que vi de adolescente, ésos que daban miedo de verdad”. “El público se quedará anonadado con lo que ocurre en la película”, nos dice Andrew Form. “La matanza de Texas II es una película terrorífica, con emociones fuertes. Aparte de El silencio de los corderos y El exorcista no recuerdo una película en la que el miedo esté tan presente como en ésta. Esta película no va de cuerpos descuartizados y litros de sangre paseándose delante de la cámara. Es la historia de unos personajes que deben tomar decisiones cruciales, como lo haría cualquiera en un momento de vida o muerte”.


 

Imágenes y notas de cómo se hizo "La matanza de Texas (2004)" - Copyright © 2003 New Line Cinema, Focus Features, Next Entertainment, Platinum Dunes y Radar Pictures. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos reservados.

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