CÓMO SE HIZO "LA MATANZA
DE TEXAS (2004)"
Notas de producción
© 2003
UIP
La primera Matanza de Texas
es un éxito desde su estreno en 1974, dejando al público
boquiabierto con su realismo escalofriante. La horrenda
historia, basada en una serie de hechos reales, es considerada
como uno de los grandes thrillers de todos los tiempos y un hito
en el género de terror que ha influido a incontables películas.
A pesar de que la película se rodó con un presupuesto inferior a
los 150.000 dólares, recaudó más de cien millones en el mundo
entero y se convirtió en una película de culto para millones de
fans. La película forma parte de la iconografía de la cultura
popular gracias a su malvado y amenazante personaje,
“Leatherface”. Este personaje sigue siendo uno de los malos
clásicos más famosos y la película se ha convertido en la escala
de terror por la que se miden las producciones modernas del
género.
La matanza de Texas II es la
primera producción de Platinum Dunes, una asociación entre el
cineasta Michael Bay y Radar Pictures. Bay es el fundador de
Platinum Dunes con sus socios Andrew Form y Brad Fuller. “La
idea surgió muy poco antes de que fundáramos la productora”, nos
explica Michael Bay. “Me apetecía producir La Matanza de Texas
aunque sólo fuera por el peso que tiene el título. Tiene una
calidad mítica al ser una de las primeras películas de su
género”. El productor ejecutivo Ted Field, que es además
ejecutivo jefe de Radar Pictures, recuerda: “Cuando Michael y yo
decidimos meternos en esto, nos dimos cuenta casi inmediatamente
de que La matanza de Texas II era la película perfecta para
lanzar Platinum Dunes. Es un verdadero símbolo y una película
así deja claro desde un principio de qué va una productora como
Platinum Dunes”. “Nos encantó la idea porque el público
principal será masculino y tendrá menos de 25 años, y aunque a
la mayoría le sonará el título, el 90% no habrá visto la
película original”, añade el productor ejecutivo Andrew Form. A
pesar de que se han rodado varias secuelas de la película
original, los productores estaban convencidos de que los
elementos más escalofriantes se habían dejado de lado. “El
primer error es pensar que la película original es truculenta”,
nos explica Brad Fuller, el productor ejecutivo. “Tiene escenas
muy inquietantes, pero sólo hay cuatro segundos de sangre.
Asusta más el concepto que las imágenes”.
Para poder levantar el
proyecto y conseguir que los distribuidores se interesasen por
la película, Bay realizó un tráiler en el que se ve una pantalla
negra y se oye a Leatherface perseguir a una joven dentro y
fuera de una vieja casa. En los últimos diez segundos se ven las
imágenes acompañadas por el ruido chirriante de la sierra
mecánica. El resultado fue asombroso. El tráiler estuvo en boca
de toda la industria y, como consecuencia, obtuvieron contratos
para la distribución nacional con New Line Cinema e
internacional con Focus Features. Ted Field nos explica: “Por
eso pudimos financiar la película con tanta rapidez. El público
internacional suele responder bien a los thrillers, pero era
imposible imaginar la reacción que despertó el tráiler de
Michael”. “Ninguno de nosotros imaginaba que el tráiler
produjese una reacción tan absolutamente positiva”, nos dice
Brad Fuller. “Era como si hubiese despertado algo, como si
comunicara la inquietud que queremos que sienta el público
cuando vea la película”.
Sin embargo, había una
complicación: Radar Pictures y Platinum Dunes disponían de
poquísimo tiempo para montar el proyecto. “Sólo pudimos comprar
los derechos por un periodo de seis meses”, nos explica Field.
“El guión final y la producción debían estar terminados en ese
periodo de tiempo. Era todo un reto”. “Queríamos un guionista
capaz de hacerse con los mejores elementos de la película
original además de inyectarle ideas nuevas”, nos dice Andrew
Form. “Cuando se estrenó La matanza de Texas hace casi 30 años,
parte del público pensó que era una “snuff movie”. Basta con
conseguir que la gente use su imaginación en vez de enseñárselo
todo para que la tensión aumente, ése fue el gran don de la
primera película”. Con esa idea los productores se pusieron en
contacto con Scott Kosar, el guionista de The Machinist.
“Queríamos que la película se basara en un terror psicológico y
no visceral,” nos comenta Brad Fuller. Los productores querían
reunir los elementos de miedo de la película en un grupo de
personajes que se encuentran en una situación totalmente
aberrante. “Cuando nos vimos con Scott Kosar por primera vez, su
descripción de la primera secuencia con la autoestopista fue tan
devastadora que impuso el tono para la película que queríamos”,
añade Andrew Form. Kosar era fan de la película original y le
encantaba la idea de intentar sacarle algo nuevo. “Cuando me
enteré de que era un remake de la película, me sentí algo
intimidado por la idea de reescribir un clásico”, nos comenta el
guionista. “Después de la primera reunión, me di cuenta de que
no querían explotar el material existente, sino que estaban
empeñados en realizar una versión aterradora de la película
original que funcionase a base de suspense y terror psicológico
y no de repulsión”.
Mientras Kosar preparaba el
primer borrador del guión, los productores empezaron a buscar un
director y pensaron en Marcus Nispel, un director de publicidad
muy visual y de gran éxito actualmente. Hacía tiempo que Ted
Field admiraba a Nispel; ya le había contratado para dirigir
vídeos musicales para artistas de Interscope Records (“No Doubt”
fue uno de los más famosos) y habían desarrollado varios
proyectos juntos. A pesar de que varios directores se
interesaron por el proyecto, Michael Bay también se inclinó por
Nispel. “Siempre me ha gustado el trabajo de Marcus”, dice. “He
crecido en este negocio, sé lo que hace y siempre he querido
trabajar con él. Tiene una visión estupenda y sus filmaciones
son asombrosas”. Nispel, que ha dirigido más de mil anuncios y
vídeos musicales, ha sido galardonado con casi todos los premios
existentes de la industria publicitaria y musical. El proyecto
le atrajo de inmediato, sobre todo por la decisión de los
productores de salirse del camino habitual a la hora de
seleccionar el equipo creativo. “Me gustan las películas que van
por otros derroteros”, nos dice Nispel. “Empecé a leer el guión
y no podía dejarlo”. Nispel se presentó en la primera reunión
con los productores bien preparado. “Trajo unas fotos sacadas de
revistas, eran asombrosas, totalmente retorcidas”, recuerda Bay.
“Tenía muchas ideas buenas”. Para Nispel sería su primer
largometraje y estaba entusiasmado con la idea de trabajar con
Bay como productor. “Me pareció una oportunidad única para
trabajar con alguien que había cambiado Hollywood al mezclar lo
mejor del mundo de la publicidad con lo mejor del cine”, dice.
“Los anuncios son carreras de velocidad, las películas son
maratones. Y él, más que nadie, me ha permitido recurrir a los
mejores velocistas y a los mejores corredores de fondo para
formar mi equipo”.
La primera persona a la que
Nispel llamó fue al director de fotografía Daniel Pearl, con el
que había colaborado en muchos anuncios y vídeos musicales por
los que ha sido premiado. Pearl ya había trabajado con Michael
Bay con anterioridad. También da la casualidad de que Pearl es
el director de fotografía de la película original que Tobe
Hooper dirigió en 1974. Era una oportunidad única para él: podía
aportar una nueva dimensión a la escalofriante historia y
convertirse en el primer director de fotografía en hacer un
remake de su primera película. “Hace años que Daniel me habla de
la primera Matanza de Texas, nos dice Nispel. “Me gustó lo que
hizo entonces. Quería volver a dar esa vibración tan realista a
la nueva versión y, a la vez, quería que Daniel tuviera bastante
espacio para aportar lo que ha aprendido en todos estos años de
trabajo conjunto. Se lo pensó mucho y acabó contestándome algo
increíble: ‘La matanza de Texas es todo lo que soy, si no estoy
a la altura con ésta, no soy nada’. Supe entonces que podía
contar con él”. Al parecer, el azar se empeñó en que Pearl
regresara a Austin, Texas, la ciudad donde realizó sus estudios
universitarios y empezó su carrera cinematográfica. “Me parece
una extraña coincidencia que este proyecto saliera adelante.
Durante los últimos cinco o seis años, he realizado mis mejores
trabajos y me he divertido como nunca colaborando con Marcus en
anuncios y vídeos musicales”, dice Pearl. “La película está en
el Museo de Arte Moderno y, sinceramente, hacer un remake
representaba un reto tremendo para mí. Gran parte de lo que soy
hoy en día se basa en lo que empecé con La matanza de Texas”.
Para los productores era de
vital importancia que la película se rodara en los mismos
decorados naturales que la primera para capturar la autenticidad
visual del Texas rural. “Texas tiene muchas cosas a su favor”,
nos comenta Michael Bay. “Hay lugares donde el tiempo se ha
detenido. Luego, es un sitio de lo más fotogénico, el cielo es
grandioso. Y también tienen técnicos de primera”. Bay pidió a
Richard Klotz, el jefe de localizaciones, que fuera a Texas e
hiciera unas cuantas fotos antes de irse a Miami a empezar otra
película de Bay, Dos policías rebeldes II. Estuvo allí una
semana y regresó con fotos estupendas de unos sitios
escalofriantes. Parecían sacados del guión”, dice Bay. En
principio, Marcus pensó en filmar en Palmdale, California, para
reducir los costes, pero las fotos de Klotz le hicieron cambiar
de opinión. “Marcus pensó que bajaríamos los costes si no nos
desplazábamos a Texas”, recuerda Bay que ya había rodado en
Texas. “Pero le dije: Tienes que rodar en Texas, no vas a creer
lo que encontrarás allí”. Nispel cree que la calidad de la
producción se debe en gran parte a los decorados naturales que
encontraron en Texas. “Nadie tira nada en Texas”, dice.
“Necesitábamos 25 localizaciones para la película. Era un
problema si tomamos en cuenta que teníamos un calendario de
rodaje de 39 días. Fue posible porque encontramos tres decorados
de tal magnitud y con tantas facetas que pudimos rodar la
mayoría de la película allí mismo”.
Una vez decidido que la
película se rodaría en los alrededores de Austin, los
productores volcaron sus esfuerzos en encontrar actores capaces
de dar vida a los cinco universitarios que cruzan Texas en una
camioneta. “Cuando empezamos a buscar actores, tuvimos que dejar
claro que no era una película con ríos de sangre”, explica
Andrew Form, el productor ejecutivo. “Durante la primera media
hora no ocurre nada que dé miedo. Vemos a los cinco jóvenes
viajando, lo pasamos bien con ellos, les conocemos. Cuando
empezó a correr la voz de que no queríamos hacer la clásica
película de miedo, se nos abrieron muchas puertas y tuvimos
acceso a muchos más actores”.
Lo más importante era
encontrar a la actriz adecuada para el papel de Erin, la
protagonista, una chica guapa con carácter que saca fuerza y
determinación de donde no las hay y consigue escaparse de unas
circunstancias salvajes. Este personaje es el núcleo y el motor
de la historia. “Al escribir el guión, Scott Kosar describió a
cada uno de los personajes. Dijo de Erin que sería Miss Texas si
no actuase como un chico”, recuerda Form. Él y Brad Fuller
decidieron llevar a Biel a un partido de los Lakers para
conocerla mejor. “Nos conquistó nada más verla”, añade. “Es un
papel difícil, es una heroína”, dice Michael Bay. “El público
debe identificarse con ella, debe ser creíble cuando saca su
lado duro. Es una verdadera heroína, Jessica supo construir un
personaje duro y sexy a la vez. También aportó una gran dosis de
honradez a su interpretación y conseguirá poner al público de su
parte”. “Siempre me han encantado las películas de terror”, nos
dice Jessica Biel. “Es un género que me ha atraído desde que soy
niña; me gusta pasar miedo. Me encantó la primera Matanza de
Texas. El guión de esta película era tremendamente realista,
supe desde el primer momento que quería hacer el papel de Erin.
Es uno de los personajes clave de la película. Cuando las cosas
empiezan a irles muy mal, no pierde la cabeza. Se esfuerza en
mantener la coherencia dentro del grupo”.
En la película, Erin
representa la conciencia social del grupo de amigos. Cuando
Kemper, su novio (Eric Balfour), casi atropella a una
adolescente que va andando en medio de una carretera desierta,
intenta convencerle de que dé media vuelta para ayudarla. Kemper
debe escoger entre el buen corazón de Erin y el deseo más
egoísta del resto del grupo que sólo quiere llegar a Dallas para
ir al concierto de Lynyrd Skynyrd. Sin saberlo, su decisión
pondrá a todo el grupo en grave peligro. Kemper es el líder
natural del grupo, pero hace caso a la conciencia de Erin
mientras luchan para sobrevivir a las circunstancias en las que
se encuentran. “Kemper quiere ser correcto con su chica y con
sus amigos”, nos explica Eric Balfour, conocido por interpretar
a Gabe en “Seis pies bajo tierra”, la famosa serie de HBO. “Es
fuerte a la vieja usanza. Me parece fantástico ser así cuando
hay personajes que actúan por desesperación, porque no tienen
otra opción”. A pesar de que la situación empeora a marchas
forzadas, Kemper no pierde la cabeza. “Es él quien debe decidir
si avisar al sheriff del horror que han vivido en la furgoneta”,
nos explica Marcus Nispel, el director. “Quiere a Erin y sabe
que ella cree que debe ir a buscar ayuda”.
Marcus Nispel quiso a Balfour
para el papel después de verle en “Seis pies bajo tierra” y en
un anuncio de coches donde hace el papel del diablo. “Sabía que
Eric es el tipo de actor que saca lo mejor de sí mismo si
interpreta a un personaje un poco travieso”, nos comenta Nispel.
“Eric era el actor ideal para hacer de Kemper”, añade Brad
Fuller, el productor ejecutivo. “Por ejemplo, en una cena, Eric
es quien cuenta los chistes y decide lo que todo el mundo va a
cenar. En la película, Kemper es así, cuida de sus amigos y el
público debe creer que podrá sacarles del lío en el que se han
metido”.
Jonathan Tucker hace el papel
de Morgan, un universitario cerebral, mordaz y sabelotodo,
experto en datos triviales que carecen de importancia. “Morgan
es el pragmático”, dice Tucker. “Es inteligente, muy sarcástico,
ingenioso, algo pretencioso pero sin llegar a ser pedante.
Siempre tiene que explicarlo todo y decir exactamente lo que
para él y el público ya es obvio. Intenta que todos piensen
antes de actuar, de tomar una decisión”. Tucker consiguió el
papel gracias a su determinación, su persistencia y su ingenio.
“A pesar de que Jonathan era el que mejor leía el personaje, no
nos parecía que encajara físicamente”, nos explica Marcus
Nispel. Pero Tucker insistía en que quería el papel y Nispel
acabó describiéndole el personaje como “un poco de John Lennon
mezclado con Richard Dreyfuss en Tiburón”. Determinado en
conseguir el papel, Tucker recurrió a un amigo maquillador que
le transformó poniéndole patillas, bigote, gafas redondas, y
volvió a presentarse. “Le contraté inmediatamente después de ver
la grabación de la prueba y el aspecto que había conseguido”,
nos dice Nispel riéndose.
¿Quién no conoce a alguien
que siempre dice lo que no debe en el momento más inadecuado? En
el grupo de amigos de Erin y Kemper, el honor recae en Andy,
interpretado por Mike Vogel, un chico incapaz de mantener la
boca cerrada, el mejor amigo y compañero mecánico de Kemper. Su
encanto natural desaparece tras sus meteduras de patas y su
falta de tacto. “Andy es el típico chico que no tiene mala
intención, pero que siempre acaba metiendo la pata”, nos dice
Vogel. “No es su intención insultar a nadie, pero siempre acaba
haciéndolo sin querer. Andy también aporta momentos de alivio
cómico para el grupo cuando la situación está demasiado tensa.
Siempre acaba por hacer el comentario más estúpido en el momento
menos oportuno para que todos digan ‘No es posible que lo haya
dicho’ y empiecen a reírse”.
Ya al principio de la
película, el grupo ha recogido a una autoestopista, la preciosa
y liberada Pepper (interpretada por Erica Leerhsen) que se
empareja inmediatamente con Andy. “Erica fue la primera actriz
que escogimos para la película”, nos revela Andrew Form. “Hizo
una prueba increíble, pero lo que realmente se me quedó grabado
fueron sus tremendos y escalofriantes gritos”. Brad Fuller
añade: “Erica es la mejor aulladora que he oído nunca. Era muy
extraño verla sentada en esa sala iluminada con potentes focos y
lanzar esos tremendos gritos mientras fingía que la perseguía
Leatherface”. “Pepper es una hippie de pies a cabeza”, nos dice
Leerhsen. “Quiere pasárselo bien y adora a Andy desde el primer
momento; tienen una conexión intensa y apasionada”.
En la película, Erin convence
a Kemper para que retroceda y ayude a la adolescente (Lauren
German) ensangrentada a quien casi atropellan en una carretera
comarcal de Texas. Ya en la furgoneta, la joven extraña no habla
hasta que un hecho asombroso les obliga a pedir ayuda al sheriff
local, interpretado por el famoso actor R. Lee Ermey, al que
Marcus Nispel llama “su arma secreta”. “Cuando buscábamos
actores para hacer el papel del sheriff Hoyt, teníamos la
esperanza de conseguir a R. Lee, pero no lo creíamos posible
debido al presupuesto”, nos comenta Nispel. “Sólo él podía
aportar un toque cómico y demente al papel. En opinión de
Michael Bay, ese toque era vital para el personaje. Cualquier
otro actor diciendo lo mismo no funcionaba, pero R. Lee tenía la
habilidad de conseguirlo, era cómico e inquietante a la vez”.
Una de las piezas cruciales
del reparto era el actor que haría de Thomas Hewitt, alias
Leatherface, uno de los asesinos más famosos de la historia y
cuyo papel no sólo requería una gran fuerza física, sino que
fuera capaz de correr bajo el sol de Texas a temperaturas de 37
a 40 grados con la máscara de piel humana y un traje muy pesado.
“Lo terrible del personaje de Thomas Hewitt es que carece de
premeditación; sólo es una máquina de matar”, nos explica Brad
Fuller. “Es un personaje sin conciencia. No hay nada que le
detenga, puede hacer lo que le plazca”. El productor ejecutivo
cree que uno de los rasgos más inquietantes de Leatherface es su
absoluta impasibilidad. “Queremos que el público saque sus
propias conclusiones de por qué Leatherface es como es”, añade
Fuller. Al final se escogió a Andrew Bryniarski para el papel,
pero lo más difícil fue mantener en secreto la identidad del
actor durante el rodaje y la posproducción. Los otros actores
secundarios, todos de gran talento, que completan el reparto son
David Dorfman (The Ring, la señal) en el papel de Jedidiah, el
joven tejano; Terrence Evans como el viejo Monty atrapado en una
silla de ruedas; Heather Kafka como Henrietta y Marietta Marich
como Luda May.
Una vez completado el
reparto, tanto los productores como el director estaban
encantados. “Cuando acabamos con las primeras pruebas, nos
sentamos y apuntamos los actores que más nos gustarían para la
película. Los conseguimos todos”, nos dice Marcus Nispel. “Ya sé
que suena a lugar común, pero es verdad. Los actores que
queríamos contratar tenían la misma reacción y sentían lo mismo
que nosotros al leer el guión”. Andrew Form, el productor
ejecutivo, está de acuerdo: “Cuando decidimos que La matanza de
Texas II sería la primera película que produciría Platinum
Dunes, nuestro objetivo era hacer una película que fuera
diferente de lo que se había visto hasta ahora. Fue posible en
parte gracias a un guión genial escrito por Scott Kosar; también
por tener un director visionario del calibre de Marcus Nispel
dirigiendo la película. Pero la última pieza del rompecabezas
descansa en un reparto ecléctico e inusual. Con esta película,
intentamos conseguir algo que nadie ha hecho en mucho tiempo y,
por suerte, los actores que escogimos se dieron cuenta de lo que
esto representaba”.
Con el reparto asegurado,
empezaron a preparar el rodaje de 39 días que tendría lugar en
diversos pueblos cercanos a Austin, Texas. Se acercaba el
comienzo del rodaje y los productores y el director tomaron una
decisión poco habitual, la de rodar la película cronológicamente
siempre que fuera posible. “Intenté evitar que Marcus volviera a
cometer los mismos errores que yo”, nos explica Michael Bay, el
productor. “Si existe la posibilidad de rodar cronológicamente,
es mejor hacerlo. Cualquier director lo haría, no sólo porque
ayuda a los actores a mejorar su interpretación, sino porque es
una gran ayuda para la continuidad. Rodar sin cronología
equivale a abrir la caja de Pandora. Pudimos rodar una gran
parte en orden cronológico y creo que fue de una gran ayuda”.
También era necesario preparar a los actores mentalmente para
los momentos más difíciles y más terroríficos de la película.
“Un rodaje cronológico ayudó a Jessica a preparar su personaje y
a dar a su interpretación la emoción y el esfuerzo físico que le
requeríamos”, nos dice Andrew Form.
Otra ventaja es que se pasó
de rodar de día a rodar de noche sin grandes inconvenientes para
nadie. “Las películas no suelen rodarse cronológicamente, pero
pensamos que tenía sentido filmarla de este modo ya que la
historia empieza a las 2 ó 3 de la tarde y acaba a las 6 de la
mañana”, añade Form. Uno de los mayores retos era terminar todos
los diálogos de las secuencias en la furgoneta durante la
primera semana de rodaje. Para conseguirlo, los actores debían
adquirir el ritmo y las idiosincrasias de una larga amistad
antes de empezar a rodar para que las escenas despidieran esa
sensación de realismo que querían obtener el director y los
productores. Brad Fuller nos dice: “Si se consigue desarrollar
los personajes a ese nivel, el listón ya se pone muy alto.
Pensamos que era necesario que los actores se conocieran si
queríamos conseguir una dinámica de ese tipo”.
Entonces se les ocurrió
proponer a los cinco protagonistas que vinieran a Texas dos
semanas antes del comienzo del rodaje para conocerse e incluso
trabar amistad. “Ensayaban durante el día y nos íbamos a cenar
todos juntos cada noche”, recuerda Fuller. “Al cabo de la
primera semana, empezó algo asombroso. Todos se metieron en el
personaje. Su amistad evolucionó de forma natural; no fue algo
prefabricado para la película. Cuando se les ve juntos en la
pantalla, se nota que son sinceros, que se caen bien”. Jessica
Biel está de acuerdo. Le parece “increíble y de gran ayuda que
pudiéramos ir a Austin un par de semanas antes del comienzo del
rodaje para poder conocernos. Nos llevamos bien casi de
inmediato y teníamos la impresión de ser amigos desde siempre.
Todos tenemos más o menos la misma edad, así que ninguno nos
tomábamos demasiado en serio. Estábamos decididos a pasarlo bien
y conseguir que las interpretaciones fueran lo más realistas
posible”.
Así fue como un caluroso día
de verano, con cerca de 40 grados, el rodaje empezó en una
furgoneta típica de los años 70 en una solitaria carretera
comarcal cerca de Taylor, Texas. Dentro de la furgoneta, la
temperatura subió a casi 50 grados, pero los actores
consiguieron aprovechar tan difíciles condiciones. “Sabía, al
firmar el contrato, que hacía calor en Texas en verano, pero no
podía imaginarme lo que sería pasar varios días con cinco
actores, el director y su equipo en esa sauna que llamaban
furgoneta”, recuerda Eric Balfour riéndose. “Reconozco que a
veces era muy duro, pero también nos permitió aportar una
intensidad muy especial a las escenas, cosa que no habríamos
podido hacer en condiciones menos extremas”. “La primera semana
fue agotadora”, recuerda Marcus Nispel. “Fue la semana de más
calor de todo el rodaje y encima estábamos metidos en esa
pequeña furgoneta con focos y cámaras. Nos dejaba sin energía.
En condiciones como éstas, ya no hay diferencia entre la
película y la producción. Los actores pasan tanto calor que se
olvidan de actuar y simplemente viven. Eso hace que las primeras
secuencias tengan un elevado nivel de realismo y autenticidad”.
Después del dramatismo de la primera secuencia, Erin convence a
Kemper y a sus amigos de que deben detenerse y buscar al
sheriff, lo que les lleva a la siniestra granja Hewitt dando pie
al primer encuentro con el terror en el que pronto se
encontrarán sumergidos Erin y sus amigos.
La granja que sirvió de
decorado principal a la película se construyó en 1854 en lo que
luego sería el campus de la Universidad de Texas. La
construcción fue trasladada en un carro tirado por caballos a un
terreno de 750 acres en Taylor, Texas, en los años treinta. La
casa, que cuenta con seis habitaciones, había estado deshabitada
desde los años sesenta hasta que empezó el rodaje. Para el
equipo, lo mejor fue que pudieron usar esta localización para
seis decorados diferentes. “La casa Hewitt tiene más de 150 años
y es una de las casas más terroríficas e inquietantes que
conozco”, nos dice Brad Fuller, el productor. “Es bastante
espeluznante”, añade Michael Bay. “Encontramos facturas y
talones de los años veinte”. “Era un lugar muy poco
tranquilizador y si hicimos nuestro trabajo, el público lo
notará”, dice Fuller. Según Marcus Nispel, son los decorados lo
que realmente aporta el lado terrorífico a la película. “Tuvimos
la suerte de encontrar decorados naturales con mucha historia”,
recuerda. “Las casas de los grandes thrillers cinematográficos
que se recuerdan siempre son las mismas, la de Psicosis, de
Terror en Amityville y del Silencio de los corderos. Esas casas
han dejado una impronta en la memoria colectiva del público y
esperamos que la casa Hewitt haga lo mismo”.
Desde el primer día de
rodaje, todos quedaron impresionados por la entrega y el
esfuerzo físico que Jessica aportaba a su trabajo. “Dudo que
hubiéramos podido rodar esta película con otra persona que no
fuera Jessica”, dice Andrew Form. “Sentía un profundo interés
por su personaje, además de preocuparse mucho para que sus
diálogos y gestos fueran de lo más realista. Daba igual que
estuviera intentando cablear un coche o escondiéndose en una
cámara frigorífica, sabía muy bien cómo iba a hacerlo y nos lo
decía. Era una gran ayuda para nosotros porque se convertía
literalmente en Erin y conocía el personaje más que ninguno de
nosotros”. Form añade que Biel estaba empeñada en hacerlo todo
ella misma y que sólo se dejaba doblar si la escena podía ser
peligrosa. “Quería hacer todo lo que no conllevaba un gran
peligro”, nos dice. “Eso nos permitió rodar escenas en las que
se ve realmente a la protagonista, no sólo sus pies o su
espalda. Se la ve trepando por una pared, saltar al suelo, huir
de su perseguidor”. Biel reconoce que el papel puso a prueba su
resistencia física y emocional. “Físicamente, fue todo un reto”,
nos dice Biel. “O estaba corriendo por un bosque, o saltando por
encima de obstáculos o arrastrando a alguien por la casa. Hago
mucho ejercicio, pero hacia el final del rodaje, estaba cubierta
de moratones y de cortes. Fue muy duro, pero el público pasa
mucho más miedo si ve la cara del personaje en ese tipo de
situación”.
El rodaje también fue duro
para los coprotagonistas de Biel, sobre todo para Kemper, su
novio en la pantalla, interpretado por Eric Balfour. “Fue toda
una experiencia”, nos dice riendo. “Me rompí la mano durante las
primeras semanas de rodaje y me pusieron una escayola de quita y
pon para que no se notara cuando rodábamos. También tuve que
aguantar un par de horas colgado por los pies mientras me
echaban agua y sangre por la cara. De vez en cuando me acordaba
de que estábamos rodando La matanza de Texas II y que era un
sueño hecho realidad para mí porque crecí viendo El exorcista y
Poltergeist. Siempre había querido trabajar en una película que
pudiera aterrorizar al público”.
Con un inquietante guión y
unos decorados espeluznantes de casas abandonadas, viejos
molinos de algodón, una fábrica de latas de carne y carreteras
solitarias, la frontera entre realidad y ficción se hacía
borrosa durante los intensos rodajes nocturnos que cerraron las
seis semanas de duro trabajo.
“Siempre estoy en un estado
mental de pánico en cuanto a mi vida personal”, reconoce la
actriz Erica Leerhsen. “Es mi naturaleza, todo me asusta. Marcus
se encargó con gran meticulosidad de sumirnos en un ambiente de
trabajo que reflejaba la dura realidad de lo que les ocurría a
esos cinco jóvenes. En lo que a mí respecta, siempre estaba
histérica porque estábamos muy unidos y tenía la sensación de
que realmente intentaba salvar a mis amigos”.
El director Marcus Nispel
cree que las altas temperaturas y la dureza física del rodaje
fue un reto tanto para los actores como para el equipo, pero
que, a la vez, aportó el realismo que buscaba para la película.
“O bien pasábamos un calor tremendo, lo que nos agotaba
mentalmente, o acabábamos exhaustos después de rodar noche tras
noche bajo un diluvio”, recuerda. “Daba igual que rodáramos en
exteriores con barro hasta los tobillos o de madrugada bajo la
lluvia, el ambiente que creamos afectó a la interpretación de
los actores de modo positivo. Al final del rodaje, Jessica se
había quedado afónica de tanto gritar y tenía los ojos hinchados
como después de un combate de boxeo de tanto llorar. Cuando se
añade este tipo de realismo a una gran interpretación, aporta a
la película un nivel de realismo muy elevado que cautiva al
público y le hace sentir que forma parte de este terrorífico
viaje hacia las tinieblas”. A pesar de todas las dificultades
planteadas por un plan de rodaje tan corto, el grito de batalla
de Nispel “¡Rodamos!”, imitado por todos, se convirtió en la
palabra que motivaba tanto al equipo técnico como a los actores
para sacar fuerzas de donde no las había.
“Marcus se entregó a esta
película como pocas personas lo habrían hecho”, nos dice Brad
Fuller, el productor ejecutivo. “Vivió sólo para la película
durante seis meses. Nadie habría podido igualar su pasión,
energía y empeño en mantener el nivel de calidad de la película.
Es un hombre muy visceral y eso permitió que él y el director de
fotografía Daniel Pearl consiguieran un estilo visual lleno de
colores y texturas que no se ve mucho en la pantalla hoy en
día”. El director de fotografía Daniel Pearl había colaborado
con el director en muchos anuncios y vídeos musicales que habían
sido premiados, lo que les permitió hablar el mismo lenguaje
durante la corta pero intensa preparación de la película.
“Marcus sabe muy bien cómo contar una historia y tiene, además,
un sentido gráfico muy desarrollado”, nos dice Pearl. “Hemos
trabajado unas 25 ó 30 veces cada año durante los últimos cuatro
años y hemos conseguido desarrollar una taquigrafía visual que
nos permite hablar con gran sinceridad. Decidimos que la
iluminación y el estilo de rodaje serían más bien una
continuación de lo que yo había estado haciendo con Marcus
durante estos últimos años, pero añadiendo un toque tenebroso,
intenso, ideal para la gran pantalla”. Para Nispel, saber que
Pearl está detrás de la cámara equivale a tener otro par de
ojos. Además, Pearl no duda en proponer sus ideas creativas.
“Una de las grandes cualidades de Daniel es que no le asusta
hablar cuando cree que tiene razón”, nos dice Nispel. “Para mí,
es muy importante porque tengo mucho carácter y necesito
trabajar con alguien que esté dispuesto a decirme lo que
necesita para conseguir una toma. Es casi como tener a otro
director a mi lado y eso es una gran ayuda para mí”.
Con el fin de capturar la
estética de la película, Nispel y Pearl no dudaron en adoptar
técnicas emprendedoras. “Me gusta iluminar a través de ventanas,
puertas y agujeros en el techo siempre que puedo para permitir
al director moverse libremente en el espacio iluminado”, nos
explica Pearl. “Establecimos el tono de la película mediante una
combinación de lentes, ángulos de la cámara y, sobre todo, la
iluminación. Utilizamos mayormente lentes de 14 y 17 mm. La
iluminación era minimalista, normalmente procedía de una única
fuente luminosa combinada con una luz de apoyo”. El particular
estilo usado por Nispel y Pearl para capturar personajes y
momentos en la película afectaron al diseño de producción de
varios exteriores e interiores. “Ante todo, los elementos clave
a la hora de escoger el diseño de la película estaban
determinados por los decorados y el uso del color”, nos explica
Greg Blair, el diseñador de producción. “Queríamos retirar todos
los colores de la película y dejarla en una gama de sepias,
grises y óxidos. Todos los interiores tienen esas tonalidades
apagadas ya que el único toque de color debía ser el rojo de la
sangre. Así mismo, muchos decorados fueron diseñados y
construidos para que Daniel Pearl pudiera iluminarlos a su
gusto. Por ejemplo, en el decorado del sótano, colocamos la mesa
de trabajo de Leatherface delante de la única ventana para que
se viera su silueta mientras manipulaba a sus víctimas”.
Dado que muchos de los
decorados ya existían, Blair aprovechó los tesoros escondidos
que encontró en algunas localizaciones que tenían entre 100 y
150 años. “Los interiores eran un gran punto de partida para
diseñar la producción”, nos dice. “Eran decorados fantásticos,
cada uno tenía una historia muy suya, pero la granja Hewitt y el
sótano de Leatherface fueron mis dos lugares preferidos en lo
que a diseño se refiere”. Nispel quería que la casa Hewitt
contuviera pequeños “altares a la muerte”. “La idea que teníamos
para el sótano era que simbolizara el vientre de la bestia”, nos
explica Blair. “Queríamos que goteara y rezumara como si se
entrara en las entrañas de Leatherface”. Otra ventaja de la casa
Hewitt eran los muebles y objetos originales que contenía.
Muchos sirvieron para los decorados. También fue posible hacer
agujeros en las paredes, mover suelos y ajustar la casa como
mejor convenía. “Teníamos lo mejor de dos mundos. Podíamos rodar
en un decorado real que podíamos alterar y cambiar como un
decorado en un plató”, nos comenta Nispel. Blair añade: “Para mí
esa casa fue como encontrar un tesoro. La mayoría de los muebles
y objetos que aparecen en la película ya estaban en la casa. Es
verdad que tuvimos que arreglarla y cambiarla, pero trabajamos
sobre una buena base. Pulimos y volvimos a barnizar los suelos
de madera para que brillaran cuando se iluminaban. También
empapelamos el dormitorio de Leatherface porque Marcus quería
dejar claro que había crecido en esa casa y que aún seguía con
el papel de indios y vaqueros de cuando era niño”.
Al igual que Daniel Pearl,
Blair, el decorador, había trabajado a menudo con Nispel
anteriormente. Esa colaboración ayudó mucho a Blair, que nunca
había diseñado un largometraje. “A Greg se le da de maravilla
resolver problemas”, nos dice Nispel. “No hablamos mucho de los
detalles porque acostumbramos a trabajar por ósmosis. Es
increíble cómo ha sabido aprovechar lo que Austin nos podía
ofrecer”. “Marcus es muy visual, sabía exactamente lo que quería
y es asombroso ver cómo Greg Blair sabe descifrar sus ideas”,
nos dice Andrew Form, el productor ejecutivo. “Greg y Scott L.
Gallagher, el director artístico, consiguieron dar vida a todos
los decorados especificados en el guión de una forma que aportó
algo muy claro a la estética de la película. No tuvieron el lujo
de poder construir un decorado a su medida y se vieron obligados
a encontrar decorados existentes que podían adaptar a las
necesidades del guión”.
Aunque La matanza de Texas II
transcurre durante un solo día, la película era todo un reto
para Kathy Kiatta, la encargada de vestuario. Al igual que los
decorados, la ropa debía ser de tonos apagados, ocres y
marrones. Además de ser típica de la época debía ir
transformándose al mismo tiempo que los actores. “Me habría
gustado usar prendas auténticas de los años setenta”, nos
explica Kiatta, “pero necesitábamos dos, tres o cuatro prendas
iguales para cada caso. Por eso hubo que comprar ropa nueva y
envejecerla”. La encargada de vestuario nos explica que cuando
habían conseguido que la ropa pareciera usada golpeándola,
tiñéndola y lavándola, tenían que volver a lavarla después de
cada día de rodaje. “Manchábamos y ensuciábamos cada prenda”,
dice Kiatta. “Cada vez que la lavábamos, había que volver a
ensuciarla y mancharla; eso significa mucho trabajo. Por
ejemplo, el personaje de Jessica empieza con un aspecto limpio;
luego viene el aspecto sucio y, al final, el aspecto de
moribunda. Eso significa que tuvimos que envejecer su camiseta
en tres etapas”.
A pesar de trabajar con un
presupuesto modesto según lo que se acostumbra en Hollywood,
Michael Bay cree que el cuidado y el arte que Marcus Nispel y su
equipo pusieron en la película trascenderán cualquier idea
preconcebida que pueda tener el público. “Pero ésa es mi
escuela”, nos comenta Bay. “A pesar de no tener dinero, pusimos
el listón muy alto. Marcus es un director genial y todo se basa
en él. Pero tuve que rogar, pedir prestado, robar y recordar
todos los favores que me debían mezcladores y músicos. Creo que
Bob Shaye (el copresidente de New Line Cinema) lo resumió a la
perfección cuando dijo: ‘Se nota que fue producida con amor’. La
cuidamos mucho, y creo sinceramente que tiene buena pinta”.
Cuando el rodaje tocaba a su
fin, después de rodar en la ciudad tejana de Austin y en pueblos
de alrededor como Taylor, Martindale, Hutto y Walburg, el equipo
técnico y los actores empezaron a imitar las relaciones de los
personajes en la película. “No me metí en este proyecto con
muchas ideas preconcebidas”, nos dice Marcus Nispel. “Sabía lo
que quería en cuanto a realismo, interpretación y un cierto
respeto para que la muerte no fuera asociada a un chiste o a un
gesto gratuito. Claro que quería hacerme notar, hacer ruido,
pero casi desde el primer día me di cuenta de que el núcleo de
la película eran esos cinco jóvenes. No eran simplemente carne
de cañón para Leatherface. Se habían convertido en personas a
las que se quiere ayudar. Espero que a todos les importe lo que
les pasa”.
Al acabar el rodaje principal
en Austin el 21 de septiembre de 2002, todos, actores y equipo,
estaban de acuerdo en que habían compartido una experiencia
única. “Esta película ha sobrepasado todas mis expectativas”,
recuerda Jessica Biel. “El rodaje me puso a prueba mental y
físicamente, pero una de las cosas que me tranquilizaba era
saber que dos cineastas de la talla de Marcus Nispel y Michael
Bay llevaban el timón. Todos nos lo pasamos realmente bien y eso
suele notarse en el producto. Espero que las personas que vean
esta película, además de pasar un miedo terrorífico, noten lo
mucho que disfrutamos rodándola”. “Intentamos crear una
experiencia visceral”, nos dice Michael Bay. “Queremos una
película sin trucos, sin chistes, que dé vida a la peor
pesadilla. Llegar a un pueblecito y no poder irse. Es como un
mal sueño. Mi idea era volver a los thrillers que vi de
adolescente, ésos que daban miedo de verdad”. “El público se
quedará anonadado con lo que ocurre en la película”, nos dice
Andrew Form. “La matanza de Texas II es una película
terrorífica, con emociones fuertes. Aparte de El silencio de los
corderos y El exorcista no recuerdo una película en la que el
miedo esté tan presente como en ésta. Esta película no va de
cuerpos descuartizados y litros de sangre paseándose delante de
la cámara. Es la historia de unos personajes que deben tomar
decisiones cruciales, como lo haría cualquiera en un momento de
vida o muerte”.
Imágenes y notas
de cómo se hizo "La matanza de Texas (2004)" - Copyright © 2003
New Line Cinema, Focus Features, Next Entertainment, Platinum
Dunes y Radar Pictures. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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