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LA MATANZA DE TEXAS (2004)
(The Texas chainsaw massacre)


Dirección: Marcus Nispel.
País:
USA.
Año: 2003.
Duración: 95 min.
Género: Terror.
Interpretación: Jessica Biel (Erin), Jonathan Tucker (Morgan), Erica Leerhsen (Pepper), Mike Vogel (Andy), Eric Balfour (Kemper), Andrew Bryniarski (Thomas Hewit), Lauren German (Chica adolescente), R. Lee Ermey (Sheriff Hoyt), David Dorfman (Jedidiah), Marietta Marich (Luda May).
Guión: Scott Kosar; basado en un argumento de Kim Henkel y Tobe Hooper.
Producción: Michael Bay y Mike Fleiss.
Música: Steve Jablonsky.
Fotografía:
Daniel C. Pearl.
Montaje: Glen Scantlebury.
Diseño de producción: Gregory Blair.
Dirección artística: Scott L. Gallagher.
Vestuario: Bobbie Mannix.
Estreno en USA: 17 Octubre 2003.
Estreno en España: 21 Mayo 2004.

CRÍTICA por Miguel Á. Refoyo

El modernizado sonido de la motosierra

Michael Bay produce un remake de "La matanza de Texas" que aun respetando el espíritu de la original, actualiza en exceso al nuevo cine de terror sus mejores virtudes

  Lo primero que llama la atención, en esta nueva vuelta de tuerca de la carencia de ideas que impera en un Hollywood avocado a res-catar viejos clásicos y adaptarlos a las nuevas tendencias comer-ciales, es que el benefactor de esta nueva versión de "La matanza de Texas" es el director de blockbusters Michael Bay ("Arma-geddon" y "Pearl Harbor"). Un indicio de que la nueva metamorfosis del gore es más un artificio comercial que un verdadero interés en recuperar un subgénero que, en el último año, ha dado varias muestras de resurrección con mayor o menor suerte. Menos asom-bra que otro de los nombres que se han lanzado a este remake sea el del propio Tobe Hooper, el director original de la obra ma-estra de 1974 que, lejos de haber consolidado una filmografía cohe-rente, necesita de estas tretas para obtener algún suculento benefi-cio más allá de los conseguidos por sus TV movies y películas de serie B.

  Al igual que Zack Snyder con "Ama-necer de los muertos", flamante y es-pectacular remake de "Zombi", de George A. Romero, el debutante di-rector de video-clips Marcus Nispel intenta actualizar y remedar un clási-co imposible de superar. Y lo prime-ro que asombra de este a priori indecente facsímil actualizado a los nuevos cánones hollywoodien-ses es la solidez con la que el jo-ven cineasta ha pretendido ser fiel al espíritu de su original con un respeto que mantiene muchas de las señas de identidad de la película de Hooper aportando incluso algún ele-mento novedoso que, si bien no chirría, sí hace recordar los mejo-res momentos de obscenidad de la mítica obra de regusto insa-lubre que destilaba suciedad por todos sus planos. Una nueva ver-sión que conduce sus hilos narrativos de forma hábil y siempre ho-nestamente entre el homenaje y la recreación ajustada a los nue-vos modelos de terror. La historia es básicamente la misma, pero con un nuevo prólogo y nuevos pulsos que hacen que las víctimas aparezcan renovadas todas ellas en su reajuste modernista para perecer de similar forma diferente a la que recordábamos. Si en la primera los protagonistas se dirigían a Texas a ver una tumba que había sido profanada, ahora se dirigen a un concierto de Lynird Skynird con una piñata llena de marihuana. Pero ni el autostopista que recogen es el mismo, ni los efectos de la locura desencadena-da en la árida América profunda son similares. A este respecto la película no presenta grandes variaciones en relación a la original, salvo en la pequeña salvedad de cambiar y actualizar a sus jóvenes protagonistas y cambiar algunos personajes. Un ejercicio que im-pone un gran lastre a la hora de conformar la mejor virtud del filme de Tobe Hooper: la antipatía y enajenación que se respiraba en su modelo. Si en aquélla todos y cada uno de los protagonistas se pa-recían en su personalidad banal y estereotipada, casi tan evidente como la de la familia de matarifes, en "La matanza de Texas (2004)" se excede demasiado en darle profundidad a sus criaturas con pinceladas descriptivas que pueden llegar a ser insultantes para los adoradores de su primera versión. Así, el personaje de Ma-rilyn Burns que iba enloqueciendo hasta llegar a un histerismo inso-portable se permuta en la increíble Jessica Biel (lo mejor de la fun-ción), una heroína reflexiva y perspicaz digna de película de acción. Ya no hay un gordo paralítico que tiene una salchicha en la boca, ni una pareja de gilipollas y, lo que es peor, los pequeños retazos sobre la personalidad de un desaprovechado Leatherface, la nueva disposición familiar (con la excepción de R. Lee Ermey) y las muertes masculinas juegan un papel en contra de la intención de Nispel por acercarse a la enfermedad opresiva que poseían los an-teriores maniáticos rurales. Excluyendo a un novedoso niño freak y semideforme, al abuelo postrado en una silla de ruedas y poco más, la estirpe de asesinos carecen de impacto, a pesar de su fre-nética presencia y de los sonoros ataques con la sierra mecánica por parte del inolvidable y gigantesco 'Cara de cuero’.

  Lo más destacable de la esforza-da labor de Nispel es su intencio-nalidad a la hora de recrear la sensación de verismo y la crudeza de la película de Hooper, atenuan-do su textura malsana y abando-nando la estética feísta por una sofisticada estilización de formas que no implica una disminución de la brutalidad de fondo. El realizador re-cupera para ello la capacidad del deli-rio histérico original en su intento de aterrorizar al espectador con una nue-va ola visual creada para la ocasión por Daniel C. Pearl, curiosamente, el mismo director de fotografía de "La matanza de Texas" de 1974. De esta manera, sustentado en un exceso estético y de puesta en escena luminosa que se hace casi insoportable en sus escenarios exteriores, la atmósfera sórdida y decadente que se respira en los fotogramas de este remake son relevantes en los fangos representados en las casas (matadero incluido) propiedad de la familia de asesinos. La destreza de esta nueva versión está en contraponer la belleza de su estética ex-terna, personificada en los jóvenes cinco protagonistas (guapos y de cuerpos perfectos), con la monstruosidad freak del interior de los hogares de la familia de matarifes capitaneados por ese icono incorruptible que es Leatherface. Por eso esta cinta, lejos de ser un calco del clásico de Hooper, es una nueva relectura que da lugar a una película que se aleja del modelo lo suficiente como para ser disfrutable hasta por el nuevo espectador acostumbrado a saborear la sangre de la pantalla con un buen cubo de palomitas. De ahí que el ritmo de esta nueva matanza esté más cerca del cine de acción que del incómodo y sórdido realismo anexo al cine documental que desglosó Hooper hace tres décadas. Y como lo paradójico de la legendaria película era su impronta de espectá-culo alejado de la hemoglobina explícita, Nispel procura inspirarse en aquella pauta psicológica, pero cayendo sin embargo en míni-mas concesiones a la mutilación, la sangre o la náusea explícita. Eso sí, acogiéndose en todo momento a los nuevas criterios del cine de terror. Tal vez se eche de menos al escalofriante Leather-face y el sonido de su motosierra en un final que evita el desasosie-go de una persecución en campo abierto para jugar al escondite y servir en frío un doble final que hace evocar la sensación de la lo-cura física y mental que dejaba como regusto su antecesora. A pe-sar de ello, esta "La matanza de Texas (2004)" es una muy diverti-da y digna muestra de cine de terror inscrito entre el gore y el sla-sher que procura crear un halo de locura y demencia gracias a la anteriormente mencionada fotografía, su música minimalista com-puesta de retorcidas y chirriantes notas musicales y sus extrava-gantes y enfermizos personajes. Una probidad que pierde algo de sentido por el abuso de las licencias concedidas al nuevo público pero que sorprende por su respeto por el original sabiendo adecuar su efectividad homogeneizando lo mejor del pasado y del presente de un subgénero que parece estar encontrando el buen camino pa-ra su esperada restauración fílmica.

Calificación:


 

Imágenes de "La matanza de Texas (2004)" - Copyright © 2003 New Line Cinema, Focus Features, Next Entertainment, Platinum Dunes y Radar Pictures. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos reservados.

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