Episodio I: La Amenaza FantasmaEpisodio II: El Ataque de los ClonesEpisodio IV: Una Nueva EsperanzaEpisodio V: El Imperio ContraatacaEpisodio VI: El Retorno del Jedi

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[
Especial Star Wars] [Episodios I II III IV V VI]

REPORTAJE EPISODIO I. LA AMENAZA FANTASMA

3.1 - CRÍTICA por Santiago L. Moreno

A finales de la década de los setenta, el negocio hollywoodiense del cine pasaba por una de sus peores épocas. La pobre afluencia del público americano a las salas batía los peores registros de su historia, y las soluciones creadas para combatirlo, tales como el "cine de catástrofes" no acababan de funcionar del todo. El fenómeno de la televisión comenzaba a ganar una lucha que se veía venir desde hacía más de veinte años, y las mentes pensantes de Hollywood, con el star system ya difunto y la capacidad de contar buenas historias ya olvidada, se devanaban los sesos buscando cómo volver a conquistar el corazón de sus antiguos consumidores. En esto llegó George Lucas, un joven director con una obstinada idea en la cabeza, y lo cambió todo.

La solución, el arma con la que combatir a ese pequeño monstruo casero, no podía ser más evidente. Lucas sabía que el cine contaba con un importante elemento que la TV nunca podría tener: la magia, ese sentimiento que se apodera del espectador cuando se apagan las luces y el murmullo general cesa. Lucas pensó seguramente que si no se podía agarrar al público por el contenido, lo más lógico era tratar de hacerlo por el continente, tratar de inundar la pantalla de imágenes y sonidos como nunca se hubieran visto. Y para apoyar todo eso mostrar una historia que se basara en los temas que siempre habían arrastrado al público, extrayendo incluso personajes famosos de otras grandes películas, pero usando el disfraz de la actualización, para que no se notara demasiado. Así creó "Star wars" en 1977, una película de aventuras con personajes de siempre, con cierto romanticismo, con buenos y malos, y sobre todo, con una ambientación galáctica que le permitió desplegar el arma definitiva con la que volver a llenar de espectadores las salas de todo el mundo, y definir de paso el camino que tomaría parte del mundo del séptimo arte de ahí en adelante. Hablo de los efectos especiales.

La fiebre que desató esta nueva tormenta visual, apoyada por un nuevo sentido del marketing, fue de tal envergadura que el mismo Lucas decidió aprovechar el filón y crear una trilogía, y mientras una amplia gama de directores, con Steven Spielberg a la cabeza, volvía a arrastrar al público a los cines con filmes repletos de efectos visuales, dos películas más con los mismos personajes que "Star wars" veían la luz: "El imperio contraataca" y "El retorno del Jedi". En ese período de tiempo, millones de dólares convirtieron a las películas de efectos especiales en las más taquilleras de la historia, empujando definitivamente al cine por el camino de la forma, y haciendo que el guión, la historia a contar, se subordinara a la imagen en pantalla. El séptimo arte sufrió, durante la década de los ochenta, una clara transformación que lo condujo por nuevos caminos en los que el fondo ya no era tan importante. Ya no interesaba la historia, sino con qué extraordinarios artificios la mostraban. La imagen, no el argumento.

Han pasado veinte años, y el resultado nos ha mostrado alguna película digna de elogio y muchas merecedoras del pronto olvido. La lucha por mostrar el efecto visual más sorprendente continúa, y los filmes con llamativos efectos especiales siguen siendo los que más recaudan, sencillamente porque son los que más gente va a ver, debido en gran parte a sus enormes campañas de marketing. Desde luego sigue existiendo el otro tipo de cine, el que trata de contarnos historias que nos toquen el corazón y la mente, pero no hay que engañarse: quien mantiene vivo al mundo del cine es el artificio al que Lucas dotó de una solvencia que no tenía en aquel lejano 77, lo que llamamos efectos especiales. Y para que no nos olvidemos de ello, el mismo George Lucas vuelve a la carga con una segunda trilogía cuya primera parte ve la luz en 1999 con el título de "Star wars Episodio I: La amenaza fantasma".

Este primer episodio de la serie suponía un gran reto para su director. La trilogía original (episodios IV, V y VI) se ha convertido en un mito, un fenómeno de masas, y su precuela, aun con todo vendido de antemano, debía estar a la altura. Lucas no ha querido o no ha sabido arriesgar. Pudiendo innovar de algún modo, teniendo la mayor oportunidad que cineasta alguno haya tenido para sorprender y mostrar nuevos caminos, se ha decidido sin embargo por afirmar aún más lo que creó hace una veintena de años. Sabiendo dónde estaba el valor seguro, lo que le pedían los más firmes aficionados a la serie, ha vuelto de nuevo al principio, al viejo caballo ganador, y de paso le ha dado un nuevo espaldarazo a esos efectos visuales que él, con el apoyo de su empresa Industrial Light and Magic, quiere llevar todavía más allá, demostrando que su ambición original quizá iba más lejos de lo que se ha podido pensar. "La amenaza fantasma" goza de efectos digitales en el 95% de su metraje. Es LA PELICULA de efectos especiales. Y no se puede decir que estén mal realizados, sino todo lo contrario. Visualmente es una maravilla, y como espectáculo da lo que promete. Es el producto final de cuatro años de esfuerzo por parte de mucha gente, y como eso, como producto, su acabado es perfecto. Incluso estoy convencido de que los fans más acérrimos estarán muy a gusto con el filme, puesto que se muestra coherente con los sucesos que sabemos ocurrirán después, y cuenta con algunas escenas especialmente creadas para mitómanos de la serie. Sin embargo, como espectador objetivo, y valorando la película y no el producto, el resultado es menos positivo de lo que debería ser en principio, sin llegar a ser decepcionante.

Como decía, Lucas no ha querido conceder nada al riesgo y ha configurado una historia semejante a las anteriores. De hecho, "La amenaza fantasma" no es más que un gigantesco resumen de las escenas vividas en la trilogía original. Muchas de las secuencias de aquella están recogidas en esta película, disfrazadas convenientemente y servidas como engañosa novedad.El paralelismo es inmediato en muchas de ellas. Existe un duelo entre Caballeros Jedi en un escenario semejante al de "El imperio contraataca", con amenaza de caída al abismo incluida; hay una destrucción de una gran base espacial por medio de una nave que nos retrotrae hacia la destrucción de la segunda Estrella de la Muerte; una batalla protagonizada por seres de otra especie nos recuerda a la Batalla de Endor, y algunos personajes, sin necesidad de rascar mucho en su superficie, se nos muestran como fiel reflejo de los arquetipos ya conocidos en la primera trilogía. Lucas ha creado una nueva historia con la misma estructura y elementos que ya conocíamos, ha introducido alguna idea nueva, ha hecho los cambios lógicos, y nos ha vuelto a contar lo mismo. Que es un tipo listo ya lo había demostrado con creces, y aquí vuelve a hacerlo. Más aún, porque sin duda los dos mejores momentos del filme están sacados del pasado, de escenas que ya demostraron funcionar y a las que sólo ha tenido que dotar de sus queridos efectos especiales para lavarles la cara. La carrera de vainas a reacción no es otra cosa que la actualización de uno de los mayores logros en la historia del cine (a pesar del inadvertido error de cuentas): la carrera de cuádrigas de "Ben-Hur", de William Wyler, aquí con Herodes reencarnado extrañamente en Jabba el Hutt, Judá en el niño Jake Lloyd, y Messala en el malvado Sebulba. Y no sólo ésta, puesto que el ya famoso enfrentamiento de los dos Jedis con el Sith no es otra cosa que un duelo con espadas a la vieja usanza, como el de "Scaramouche" o "El prisionero de Zenda" por poner dos ejemplos. El hecho de que sea la escena que más pasiones levanta demuestra una vez más que ante la carencia de ingenio, lo mejor es volver a los viejos valores, los que siempre han funcionado, y que siguen tan vigentes como antes. George Lucas lo sabe.

Sin embargo, aunque no son muchas, también existen novedades. Dentro de los nuevos elementos cabe destacar para mal la apuesta por un secundario de origen totalmente infográfico. Personaje insufriblemente pesado, Jar Jar Binks es sin duda la cuota a pagar con vistas al público infantil que también disfrutará de la película, seguramente más que los adultos. En el balance positivo, la otra gran aportación, es un claro homenaje al Trántor de la serie "Fundación", de Isaac Asimov. Se trata de Coruscant, un planeta totalmente urbanizado, cuya superficie está ocupada por una ciudad continua, y en cuyo seno habita el gobierno de la República.

Todo este guiso de facturación impecable tiene un ritmo desigual. Comienza defraudando por su lento transcurrir, para subir significativamente tras la aparición precisamente de la ciudad-planeta de Coruscant. A partir de ahí, la incursión en el palacio, la batalla contra los droides, el ataque a la nave insignia de la Federación y sobre todo el enfrentamiento de los Caballeros hacen que el ritmo suba y que la impresión final sea más satisfactoria de lo que quizás debería ser.

Y hablando de otra de las cuestiones importantes, hay un interrogante que esta película, más que ninguna otra, debía despejar, porque sin duda va a marcar el futuro y ya está influyendo en el presente: ¿en qué lugar dejan las nuevas tecnologías a los actores y actrices? La respuesta, desgraciadamente, es claramente negativa. Todo pro tiene su contra, y en este caso, el hecho de que la película se deba al efecto digital, incluyendo personajes creados enteramente por ordenador, deja muy poco espacio al resto de elementos tales como la interpretación. Los actores han de combatir, primero con el poco margen que les dejan sus personajes, creados por Lucas totalmente vacíos, con una profundidad nula y limitados a su simple presencia en las distintas escenas de acción. Cuando acaba el filme no sabemos nada de ellos, de sus caracteres o motivaciones. Por si eso fuera poco, en una película de estas características, en la mitad de los diálogos, los actores han de dirigirse a la nada, allí donde luego se colocará un ser de animación digital, y es muy difícil saber hacia dónde hay que dirigir la fuerza interpretativa o, simplemente, la vista. Ante esta nueva tecnología, el actor está vendido, sobre todo porque el espectador, sabedor de que aquello es un truco, mira más sus reacciones que las del dibujo con el que están hablando, lo que acaba por delatarlos. Todo esto hace que las actuaciones queden mediatizadas irremisiblemente, dando como resultado unos personajes que parecen de cartón piedra.

Lo que sí se puede apreciar es la magnífica banda sonora del maestro John Williams. En una inmejorable puesta al día de los viejos temas, y sin abandonar nunca las clara influencias korngoldianas, Williams ha introducido elementos corales muy al uso en la actualidad, mezclados con cierto minimalismo. "Duel of the fates", maravilloso en concepción, se adivina como el tema estrella de un score realmente impactante.

Como reflexión final, podría decirse que Lucas ha hecho lo que tenía que hacer, sin más preocupación que la de crear un producto digerible, un producto que responda al espectro completo de los muy distintos tipos de espectador que asistirán en masa a ver su película, empujados sobre todo por una abrasadora campaña mundial de marketing.

"La amenaza fantasma" se deja ver, es entretenida pero rápidamente olvidable, lo que no impedirá que millones de fans esperen con ansiedad y entusiasmo la segunda parte de esta nueva trilogía, en la que Lucas ya no dirigirá, pero cuya presencia será determinante. Es de esperar que, como en ésta, el espectáculo esté garantizado, y que se vayan respondiendo algunas dudas recientemente creadas, como el porqué del uso de humanos en las tropas imperiales cuando más de 30 años antes ya existían los droides de combate.

Para la tercera ha prometido un tono más tenebroso, algo que sin duda todos agradeceremos. Durante la proyección, sólo hubo un momento en el que parte del público rompió a aplaudir; significativamente fue cuando el malvado Sith, Darth Maul, el cual ni siquiera cruza más de dos frases en toda su aparición con lo que mal se puede ganar el afecto del espectador, asesina al buen Jedi, Qui Gon-Jinn. Creo que eso quiere decir algo muy claro de con qué lado de la fuerza están las simpatías de los espectadores, un poco cansados ya de tanta bondad. Quizás Lucas debería tenerlo en cuenta y, por una vez en su vida caminar por el lado salvaje, para conocer el significado de la palabra riesgo.



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