CRÍTICA
por
Leandro Marques
Las dos caras de una
misma moneda
"Star wars. Episodio III: La
venganza de los Sith" no es solamente una película. Imposible,
desde cualquier punto de vista, interpretarla como eso nada más.
Imposible no tener en cuenta el sinfín de va-riables que afectan
a su producción y, fundamentalmente, a su re-cepción. Justamente
por tener que cargar sobre sus espaldas la responsabilidad de
cerrar una historia y develar todos sus secretos (que se
mantuvieron tanto tiempo resguardados en el misterio), es-ta
producción se permite a sí misma no ser película para
dedicar-se, más que a otra cosa, a tratar de ir construyendo
respuestas. Esas respuestas que millones de fanáticos, y no tan
fanáticos, es-peraron durante tantos años.
La afirmación anterior, según
la cual "Star wars. Episodio III: La venganza de los Sith" se
permite no ser película, no debe malinter-pretarse: también un
film se puede concebir a sí mismo desde ese lugar. En este caso,
esa afirmación se vincula con el hecho de que, por ser la
heredera de una historia ya armada, ya conocida, incluso ya
cerrada, pero sobre todo, por ser profundamente conciente de los
puntos que tenía que resolver y cerrar, la trama fundamenta su
ser en ese fin, y no puede encontrar (o no se preocupa por
hacerlo) la manera de desarrollarse sin dejar un instante de
tener en cuenta lo que se espera de ella. Sin dudas, una
elección así implica cos-tos: en la película de
George Lucas, ese costo se
encuentra en la falta de fluidez y de naturalidad que se
evidencia en el desarrollo de muchos pasajes del film.
Más que otra cosa, la cinta
pareciera ubicarse en un lugar desde el cual le cuenta al
espectador cómo sucedió todo lo que él aguar-daba y ya sabía que
tenía que suceder. El problema que surge, en-tonces, está
relacionado con la organización del relato. Lucas sa-bía que no
podían dejar de contarse y mostrarse determinadas si-tuaciones:
nadie le hubiera perdonado no mostrar exactamente, por ejemplo,
el momento y los sucesos que llevaron a Anakin Skywal-ker a
traspasar las fronteras del bien, encarnada en la figura de los
Jedi, y convertirse en Darth Vader, el malévolo representante de
las fuerzas de la oscuridad. Además de este ejemplo, varios
ítems si-milares debían ocupar la atención del guión, tener su
cierre y expli-cación. Frente a esta 'realidad innegable' de la
que la película debía supuestamente hacerse cargo, emerge a la
superficie el tema de cómo organizar el relato para evitar
puntos comunes sin por ello de-jar de contar lo que teóricamente
debía contar.
La mayor falla de la película
quizás resida ahí. El relato se es-tructura de manera tan
lineal que no deja espacio para nue-vas incógnitas y atraer
desde nuevos lugares. Los puntos de continuidad (desvíos
narrativos, de alguna manera no esen-ciales al fin último de la
historia pero fundamentales, a la vez, para la construcción de
la lógica de cada trama) son só-lo opacas y forzadas excusas que
propone el guión para lle-var al espectador a los “momentos
importantes”. Esto genera que el diálogo que se establece
con el público se vuelva previsible e intrascendente, casi sin
vuelo. Si bien pueden encontrarse guiños de complicidad, se
trata de una complicidad pasiva, que no puede alterar el
transcurrir de los hechos ni el modo de interpretarlos. La
película se encarga de dar y contar lo que se supone que su
audie-ncia espera de ella, pero en ese acto, se niega como
película, en el sentido de que se hace transparente, se vuelve
lógica y coherente: sumisa a su deber ser. "Star wars. Episodio
III: La venganza de los Sith" no puede librarse del peso de ser
sí misma, porque reduce a la mayoría de sus instantes presentes
en elementos funcionales a aquellos instantes finales que con
tanta ansiedad suponía que el espectador aguardaba.
De todos modos, no puede
dejar de reconocerse que el desplie-gue visual y, sobre todo,
el cautivante poder de la historia, alcanzan y sobran para
“entretener” siempre, y en algunos pasajes, hasta para erizar la
piel. Este último capítulo, la culmi-nación definitiva de la
saga, de algún modo, por su fuerza histórica, trasciende y
desborda a todo análisis que pueda hacerse sobre ella.
Con "Star wars. Episodio III:
La venganza de los Sith", la historia del cine salda una deuda
pendiente. Porque más allá de todo, de una manera u otra, no
cabe en absoluto la idea de creer que esta era una película que
jamás se tendría que haber hecho. "Star wars. Episodio III: La
venganza de los Sith", bajo todo punto de vista, es un film
que tenía que cobrar forma. Es la guinda final a una de las
historias que más conmovieron y marcaron a toda una generación
de niños, que fueron jóvenes y que hoy son ya hombres. Por
esto es que este episodio no puede interpretarse so-lamente como
una película. Es mucho más que eso: es la interac-ción con
millones de personas de todo el mundo queriendo saber qué pasó,
o mejor dicho, por qué. Y, sobre todo, es esos millones de
personas de todo el mundo, en especial aquellos niños
converti-dos en hombres, alguna vez fascinados por la feroz
batalla entre el Bien y el Mal, alguna vez tentados por las
fuerzas de la oscuridad, que siguen haciéndose preguntas,
resolviendo incógnitas y enten-diendo seguramente que el Bien y
el Mal, en definitiva, también pueden ser las dos caras de una
misma moneda.
Calificación:
    
Imágenes de "Star wars. Episodio III: La venganza de los Sith" - Copyright ©
2005 Lucasfilm. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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