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«Shenmue II»: puro cine dentro de un videojuego

Análisis

«Shenmue II»: puro cine dentro de un videojuego

Pocos juegos podrán calificarse de tan cinematográficos como «Shenmue II». Enclavada en una carismática saga de 16 episodios, resulta difícil explicar en palabras la grandiosidad de esta excelsa obra de Yu Suzuki, pues es algo que uno ha de experimentar por sí mismo. Basta saber, sin embargo, que nos hallamos ante el videojuego más caro de la Historia (su coste fue de 70 millones de dólares), que su creación ya data de 1994, justo cuando estaba planeado su lanzamiento para la consola Saturn de Sega, que su director se entrevistó con numerosos realizadores de cine para imitar sus técnicas y que la labor de investigación que llevaron a cabo sus creadores fue de tal magnitud que no son pocos los admiradores de las artes marciales que se han quedado asombrados por su verosimilitud.

Por desgracia, «Shenmue II» ha sido una víctima más del fenecimiento de una de las mejores consolas que jamás se hayan fabricado: la Dreamcast. Si su antecedente, un mero prólogo del impresionante relato ideado por Yu Suzuki, consiguió vender más de un millón de copias en todo el mundo, «Shenmue II» no tuvo tanta suerte, pues salió al mercado justo cuando ya se sabía que Sega abandonaba el mundo del hardware. Por ello, las ventas en Japón fueron bastante justitas, siendo más interesantes las de Europa. Microsoft compró los derechos en exclusiva para la XBox en los Estados Unidos, lo que hizo que las aventuras de Ryo Hazuki tardaran un año en llegar a dicho mercado a causa del laborioso y prolongado doblaje al inglés. ¿El resultado? Nula promoción de la compañía de Bill Gates y unas ventas un tanto decepcionantes en comparación con la grandeza del proyecto.

El lector neófito en esta saga se preguntará, y con razón, ¿qué es «Shenmue»? (frase publicitaria que se utilizó en su día para anunciar el juego, quién sabe si luego plagiada por los hermanos Wachowski para su «Matrix»). «Shenmue» es el culmen de la libertad en un videojuego dentro de los limitados parámetros de una aventura convencional, pues siempre ha de existir una trama central que seguir y, por tanto, una linealidad establecida. Ahora bien, es el jugador el que decide a qué velocidad desea avanzar en la misma, pudiendo optar por apresurar su progreso o bien hacer todo lo contrario: observar con detenimiento el hermoso universo que le rodea e interactuar con él. Todo ello enmarcado, faltaría más, en atractivos paisajes orientales, bien sean éstos urbanos o naturales.

«Shenmue II» da comienzo con la llegada del protagonista, Ryo Hazuki, al Hong Kong de 1987. Su obsesiva búsqueda del asesino de su padre, Lan Di, sólo tiene un propósito: la venganza. En sus manos, la única pista posible: el nombre de Yuanda Zhu, la persona que envió una carta de advertencia a Iwao Hazuki, habiendo llegado ésta demasiado tarde. Ahora, Ryo ya no se halla en su hogar, sino en una inmensa ciudad repleta de peligros en la que, sin embargo, también encontrará unos cuantos aliados.

Las emociones y los sentimientos de la historia aparecerán con personajes tan importantes como Xiuying Hong, una instructora de artes marciales que oculta en su pasado una terrible tragedia, o Fangmei Xun, una alegre chiquilla de 14 años que le tomará un especial afecto a nuestro protagonista. La amistad cobra importancia con la aparición de Joy, una despampanante muchacha que, a pesar de la frialdad de Ryo hacia ella, no dudará en ayudar al joven de los Hazuki en sus desventuras, amén de la presencia de Wong, un niño que creció en las calles y que se queda impresionado con la personalidad de Ryo, pues éste no le guarda rencor a pesar de su desafortunado primer encuentro. En medio, la ambigüedad de Ren, el líder de los Heavens, una banda callejera que se cruzará varias veces en el camino del héroe de la historia. Y, por supuesto, Shenhua, una misteriosa joven que vive en un poblado chino. No faltan, obviamente, los malos de la función, encabezados esta vez por Dou Niu, un gigantesco mafioso que desea capturar a Yuanda Zhu y entregárselo al pérfido Lan Di. Finalmente, Yuan será un rival duro de pelar para Ryo, un travestido que, por cuestiones de «moralidad» (¿?), en Occidente hacen pasar por mujer.

Si bien el jugador puede tener la impresión de que no hay una historia consistente en «Shenmue II» y que ésta se limita al errático caminar de Ryo Hazuki por las calles de Hong Kong en busca de un determinado personaje, lo cierto es que existe una profundidad en el argumento poco habitual en este tipo de producciones. El recorrido de Ryo tan sólo acaba de empezar, y su odisea, tal y como se puede apreciar en los instantes finales de «Shenmue II», adquiere un incontestable carácter épico. Ciertamente, el juego da respuesta a algunos de los dilemas planteados en su predecesor, pero plantea otros nuevos que nos dejan con ganas de saber más, algo fundamental en cualquier tipo de relato.

Para que lo entienda el lector, «Shenmue II» puede ser considerado como el «Tigre y Dragón» de los videojuegos. La acción de los acontecimientos se fusiona a la perfección con su propio intimismo. Cierto que muchos de los diálogos que recitan los personajes son muy sencillos, pero eso es algo que sólo sucede con los secundarios, pues se intenta así darle una mayor agilidad al juego. Sin embargo, las escenas más importantes de «Shenmue II» nos descubren su verdadero mensaje: la importancia de la reflexión y de la calma antes de tomar una decisión y la posibilidad de que una venganza pueda pervertir el carácter de aquél que la quiera llevar a cabo y conducirle también por la senda del mal. Aparte de estos fragmentos más serios, no falta tampoco en «Shenmue II» la comicidad, representada sobre todo en algunos de los cerca de 1.000 personajes que pululan por el juego.

A pesar del devenir de los años, los gráficos de «Shenmue II» siguen siendo realmente brillantes. Las calles están llenas de vida, las tiendas de detalles inesperados y los rostros de las gentes de personalidad. Además, cabe reseñar la sombra que produce el sol en edificios y toldos, realzando así la sensación de que nos encontramos ante un día despejado y caluroso y contraponiéndolo a las jornadas nubladas y lluviosas. Durante la noche, los colores son fúlgidos y la iluminación artificial brillante y cautivadora. Por último nos topamos con los arrebatadores paisajes de la isla de Guilin, con una realista recreación de bosques, ríos y campos. El uso de las texturas es, sin duda, acertadísimo. En cuanto a la animación, se ha utilizado la técnica del motion capture para implementar algunos movimientos reales de maestros de las artes marciales. Por otra parte, es cierto que los ademanes y el caminar de algunos personajes es un tanto forzado, pero en general el resultado es magnífico y uno en verdad cree hallarse ante personas de carne y hueso que interactúan con el protagonista.

El doblaje inglés no es tan rico y divertido como el japonés, pero cabe resaltar el esfuerzo que se ha puesto en esta tarea, pues son miles y miles las palabras que brotan de los múltiples personajes del juego. Los efectos sonoros cumplen con creces su función, siendo muy distintos en el bullicio del día que en la calma de la noche, donde incluso se puede escuchar el esporádico ladrido de un perro. Respecto a la espléndida banda sonora de «Shenmue II», probablemente una de las mejores que jamás se haya compuesto para un videojuego, sólo se puede calificar de sensacional.

Respecto a la jugabilidad, el repelús de algunos jugadores a la posible calma y quietud que destila «Shenmue II» no tiene razón de ser. Cada uno va tan deprisa en la aventura como quiera ir: uno elige los personajes con los que quiere hablar y si opta o no por perder el tiempo viendo una puesta de sol o disfrutando de los múltiples minijuegos que se ocultan en las calles de Hong Kong (máquinas recreativas y tragaperras, apuestas, dardos y hasta carreras de patos). Por lo demás, «Shenmue II» acumula en su interior muchísima más acción que su antecesor, por lo que aquéllos que se divirtieron en su día con los combates al estilo de «Virtua Fighter» podrán seguir haciéndolo en esta secuela. El manejo de Ryo Hazuki en las escenas de combate es idéntico al de cualquier juego de lucha, debiendo el jugador aprenderse toda una combinación de botones que le ayuden a vencer a sus adversarios.

Aún recuerdo como si fuera hoy la primera vez que disfruté de «Shenmue», un título que me sirvió para reconciliarme con el mundo de las consolas, a las que tenía un tanto abandonadas en la generación de la Playstation y de la Saturn. Sega produjo en su día una joya, una verdadera obra de arte que para mí ha significado en el mundo de los videojuegos lo mismo que para otros «Star Wars» en el cine o «El Señor de los Anillos» en la literatura. Puede que no esté hecho para todos los gustos, cierto, pero no reconocer el talento que se esconde tras él y la preciosista creatividad de sus artífices, es como ponerse una venda en los ojos. Risas, llantos, quietud, acción, elementos contradictorios que se conjugan en esta imprescindible maravilla que deja una profunda huella en el corazón del jugador.

En la imagen: Fotogramas y dibujos promocionales de «Shenmue II» – Copyright © 2001 Sega/AM2 Company. Todos los derechos reservados.

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