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Blog: Family man, In time, Descifrando Enigma, El padrino, Big eyes y más

Opinión

Blog: Family man, In time, Descifrando Enigma, El padrino, Big eyes y más

21 mayo 2020

Le tengo mucha simpatía a «Family man» (The family man, 2000), una película entrañable y con una química muy especial a pesar de sus lugares comunes, dirigida por Brett Ratner y protagonizada por Nicolas Cage y Téa Leoni. El suyo era un argumento tan amable y bien intencionado como necesario de volver a contar en los tiempos que corren; una historia de familia y valores que sin duda habrían firmado Frank Capra y Charles Dickens, un cuento de Navidad en el que un arrogante hombre de negocios, un hombre casado con su trabajo y su dinero, acaba descubriendo que la verdadera felicidad no se encuentra en los lujos, en los trajes y en los coches caros, sino al lado de una mujer y unos hijos que le quieren. Tan sencillo como eso.

Me alegra pensar que, a pesar de todo, muchas familias habrán podido estrechar sus vínculos durante estas semanas de quedarnos todos en casa, que muchos padres y madres habrán tenido por fin tiempo para disfrutar con sus hijos, para hablar y jugar con ellos en lugar de tener que pasar ambos casi todo el día trabajando fuera de casa y sin apenas poder verlos, que es uno de los mayores sinsentidos del mundo moderno en el que vivimos.

Téa Leoni y Nicolas Cage en «Family man»

20 mayo 2020

Ojalá que mucha gente haya aprendido en estos días de encierro que, más allá de lo esencial, podemos vivir con muchas menos cosas y que eso no tiene por qué significar una gran pérdida sino todo lo contrario, es decir, una ganancia de tiempo, que es en realidad nuestro bien más preciado y que, sin embargo, lo malgastamos continuamente en tareas superfluas para comprar cosas aún más superfluas. Sólo hace falta ver que la mayor parte de los anuncios publicitarios no se centran en el producto mismo que tratan de vendernos, sino en las (efímeras) emociones que supuestamente nos hará sentir su compra y su posesión. Una contradicción, pues las emociones más sinceras, profundas y duraderas no provienen de cosas que se puedan comprar y poseer.

No es ni de lejos su mejor obra, pero la película de ciencia-ficción «In time» (2011), del genial cineasta Andrew Niccol (director de «Gattaca» y guionista de «El show de Truman»), partía de una muy sugerente premisa que nos hablaba precisamente de una sociedad futura donde el tiempo se utiliza como moneda de cambio y como medida definitiva de riqueza. Una forma de hacernos ver que somos incapaces de darle el valor que tiene a lo que realmente importa si no podemos darle un precio para comprarlo y venderlo.

Amanda Seyfried en «In time»

19 mayo 2020

Venía pensando en las muchas lecciones que nos deja esta crisis, entre ellas las cosas buenas que sí nos ha traído este periodo de confinamiento que muchos han vivido como una guerra (por desgracia, lo siguen viviendo, especialmente los sanitarios, los enfermos y las familias que han perdido a alguien) pero que millones de personas, sin embargo, hemos vivido —aunque sea de forma inesperada e involuntaria— como una tregua, encerrados y aislados responsablemente en nuestras casas para evitar el aumento de los contagios. Una tregua para desacelerar esa frenética y agotadora carrera continua en la que hace ya mucho tiempo se convirtieron nuestros días, una tregua para volver a tener tiempo para uno mismo, para pensar, leer, escribir, ver películas, escuchar música, dormir ocho horas, comer con tranquilidad e incluso retomar viejas aficiones, como por ejemplo el ajedrez, ese juego tan sumamente recomendable para la mente y sobre el que se han hecho incluso películas. Y de ahí a hacer un pequeño repaso del papel del ajedrez en el cine, ha habido solo un paso.

Detalle del cartel de la película «El caso Fischer» (Pawn sacrifice), protagonizada por Tobey Maguire

16 mayo 2020

Si ayer hablaba de una absoluta obra maestra, ahora recomiendo una película tan extraordinaria como la que hoy también me he encontrado casualmente en televisión (bienvenidas sorpresas del zapping en tiempos de cuarentena) y que me ha gustado tanto o más que la primera vez que la vi.

«The imitation game (Descifrando Enigma)», del poco conocido realizador noruego Morten Tyldum («Passengers», «Headhunters»), es una verdadera joya capaz de emocionar aún más porque detrás se encuentra la historia real de Alan Turing (brillantemente interpretado por Benedict Cumberbatch), un hombre que fue cruelmente vilipendiado en su época por ser diferente —su tartamudeo y su homosexualidad le convirtieron en blanco del desprecio ajeno—, a pesar de ser un auténtico genio y de que su trabajo salvó la vida de millones de personas durante la 2ª Guerra Mundial. Además, fue uno de los padres de la informática, ciencia de la que tanto depende actualmente nuestra civilización.

A pesar de las numerosas licencias artísticas que se permite esta adaptación biográfica (para conocer mejor la vida y obra de Alan Turing, es preferible leer libros de historia o incluso el título de Andrew Hodges en el que se basa este largometraje: «Alan Turing: The Enigma»), resulta excelente como propuesta cinematográfica y como alegato a favor de la tolerancia. Y como extra, una de esas frases motivacionales que resultan inolvidables: «A veces, la persona que nadie imagina capaz de nada, es la que hace cosas que nadie imagina».

Benedict Cumberbatch como Alan Turing en «The imitation game (Descifrando Enigma)»

15 mayo 2020

Encontrarse por casualidad en la televisión con «El padrino: Parte II» (The godfather: Part II, 1974), de Francis Ford Coppola, y quedarse hipnotizado viéndola casi sin pestañear, aunque ya te la sepas de memoria, es una de las mayores demostraciones de la magia del cine y del poder sugestivo de las grandes películas, que puedes ver y volver a ver igual que escuchas una y otra vez tus canciones favoritas. Esta memorable obra maestra lo tiene todo, es una prodigiosa lección de cine a la que apenas le hacen falta siquiera diálogos para impactar de principio a fin con la tragedia griega de una saga de mafiosos que empleaban estrategias del Imperio Romano para imponer su poder. Es increíble hasta qué punto puede ser fascinante la crueldad y la tristeza que Coppola consiguió imprimir en cada escena de este brutal retrato de la naturaleza humana y de la venganza.

Al Pacino en «El padrino: Parte II» (The godfather: Part II)

13 mayo 2020

Viendo la muy recomendable «Big eyes» de Tim Burton, con la siempre fantástica Amy Adams como gran protagonista, y pensando precisamente en nuestra actualidad, más en concreto en las opiniones a favor y en contra que están generando las noticias acerca de que buena parte de los países que mejor están gestionando la crisis del coronavirus tienen al frente a mujeres como presidentas de sus respectivos gobiernos (Alemania, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Nueva Zelanda y Taiwán, entre otros), pienso que el fondo del asunto ni siquiera es cuestión de opinión, sino de una verdad incontestable.

Dicho sin demagogia ni sentimentalismo, la conclusión obvia es que nos iría mucho mejor a todos si hubiera más mujeres al cargo de instituciones y empresas. Es cuestión de sentido común: una sociedad que no aprovecha plenamente sus recursos humanos, llegando incluso a despreciar el trabajo, la inteligencia y la creatividad de la mitad de su población, nunca puede ser una sociedad justa y eficiente. No se trata de discriminación positiva, sino de pura estadística y equidad, porque en el caso de promover de forma generalizada la igualdad de oportunidades, tendríamos el doble de opciones donde elegir para intentar hacer mejor las cosas.

Pintar algo en esta vida no se trata de eliminar a la competencia para que no te haga sombra, sino de crecerte gracias a ella.

Amy Adams como la pintora Margaret Keane en «Big eyes»

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Anna Karenina: La venganza es el perdón

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