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Breves apuntes y reflexiones de cine: Lo que nos hace humanos

Opinión

Breves apuntes y reflexiones de cine: Lo que nos hace humanos

Cinefilia, miscelánea cultural, comentarios sobre películas, libros, música, sociedad y más asuntos, siempre con el cine como telón de fondo.

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30 mayo 2020

Y hablando de seres humanos, más aún en una etapa como la actual en la que se reafirma nuestra condición de especie y se constata hasta qué punto estamos todos conectados, nunca está de más volver a ver y recomendar el magnífico documental «Human» (Yann Arthus-Bertrand, 2015), un amplio testimonio de lo que nos hace humanos, con las voces de hombres y mujeres de todo el mundo. Escuchando a todas esas personas de razas y lugares tan diversos del planeta, también nos escuchamos a nosotros mismos, y cuanto más nos encontremos en sus palabras, significa que más profundamente estaremos entendiendo aquello que nos hace humanos y que nos une como especie, con independencia de cual sea nuestra nacionalidad, color, sexo, edad, religión o clase social.

Detalle del cartel de «Human»

29 mayo 2020

Hoy se ha aprobado en España el Ingreso Mínimo Vital, dándose así un gran paso adelante en la justicia social. Hoy nuestro país tiene por fin un significativo gesto de solidaridad con los más necesitados, en la línea de lo que ya se venía haciendo en otros países europeos y que ayuda a crear un mundo mejor precisamente cuando más falta hacen este tipo de medidas. Queda muchísimo por hacer a favor de una subsistencia digna de todas las personas, pero este es el camino correcto. En este propósito, el cine social es un gran medio para visibilizar a los más desfavorecidos, facilitando así que consigamos conocer sus situaciones y empatizar con ellos, pasos imprescindibles para aportar soluciones. Seguir leyendo…

Natalia de Molina en la película «Techo y comida»

28 mayo 2020

Hace unos días se celebraba el décimo aniversario del final de «Perdidos» (Lost, 2004-2010), icónica serie que marcó una época en la televisión y en la que no sólo aparecieron actores y actrices que también protagonizaron sonados éxitos cinematográficos, caso de Evangeline Lilly («Ant-Man», «El hobbit»), Dominic Monaghan («El señor de los anillos», «El hobbit»), Michelle Rodriguez («Fast & furious»), Maggie Grace («Venganza»), Harold Perrineau («Matrix reloaded»), Rodrigo Santoro («300») y Nestor Carbonell («El caballero oscuro»), entre otros, sino que, además, disparó la carrera de su principal creador, el productor J.J. Abrams, convertido ya en uno de los mayores referentes del nuevo Hollywood (últimas entregas de «Star Wars», «Star Trek» y «Misión: Imposible»).

Más allá de principios y finales, lo que importa es que el camino importe, sobre todo si se hace acompañado de la música de Michael Giacchino (uno de los mejores compositores cinematográficos, habitual de las películas de Pixar, ganador del Oscar por la banda sonora de «Up» y nominado por «Ratatouille»). A destacar, grandes temas como este Life And Death de la primera temporada o el todavía más emotivo There’s No Place Like Home de la cuarta. Mereció la pena el viaje.

Detalle del cartel de la serie «Perdidos» (Lost)

27 mayo 2020

La extraordinaria novela de Milan Kundera tuvo poco después de su publicación en el año 1984 una gran adaptación cinematográfica dirigida por Philip Kaufman y protagonizada por Daniel Day-Lewis, Juliette Binoche y Lena Olin, «La insoportable levedad del ser» (1988), uno de esos inolvidables títulos capaces de conquistarnos a la vez el corazón y la mente.

«Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos han conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida».

Portada y página interior del libro «La insoportable levedad del ser», del escritor Milan Kundera

26 mayo 2020

«La realidad sin la imaginación es la mitad de la realidad» (Luis Buñuel)

25 mayo 2020

Una de las cualidades más fascinantes del cine es su gran capacidad para ampliar nuestro imaginario, para nutrirnos de imágenes e historias que expandan nuestra realidad observable transitando caminos insospechados. Y en esa deriva creativa tienen mucho que ver cineastas exploradores como Christopher Nolan, que consiguen que el simple hecho de intentar adentrarnos en sus obras, incluso antes de poder verlas, se convierta en toda una aventura. Sea o no «Tenet» una secuela velada de «Origen» (2010), sin duda se enmarca dentro del particular universo de su creador, un cineasta que juega constantemente a deconstruir la realidad.

Acción, thriller, espionaje y ciencia-ficción para llevar esta vez al cine una historia que, por su título, quizá se inspire en el enigmático Cuadrado Sator, una milenaria inscripción de la época romana dispuesta en una matriz cuadrada en cuyo centro aparecía la palabra en latín TENET, que significa «principio, guía o creencia» y que se utilizaba especialmente para hablar de los principios que regían una religión o una filosofía. Es decir, un palíndromo en el centro de otras cuatro palabras (SATOR AREPO TENET OPERA ROTAS) formando juntas un multipalíndromo, pues se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda, o lo que es lo mismo, igual desde el principio al final que desde el final al principio.

Existen teorías esotéricas que interpretan que esta misteriosa inscripción esconde la cuadratura del círculo o incluso que al sustituir las letras por números se deriva un calendario secreto, ideas todas ellas que, actualizadas al mundo de la relatividad temporal, la inteligencia artificial y la mecánica cuántica, podrían derivar en manos de Nolan en un ingenioso laberinto de enigmas y realidad virtual con influencias incluso de «Matrix» (1999) y «La llegada» (2016), sin olvidar que el propio cineasta ya exploró las complejidades y las paradojas de la memoria y el tiempo en títulos como «Memento» (2000) e «Interstellar» (2014). Y hablando de palíndromos y de lecturas al derecho y al revés, no hay que olvidar tampoco que NET es la «red» en inglés.

Ya sea para introducirnos en sueños, en realidades virtuales o en cualquier otro tipo de desorden de la realidad, hay muchas ganas de volver al cine para dejarnos maravillar y sorprender. Eso esperamos de «Tenet».

John David Washington y Robert Pattinson en «Tenet»

24 mayo 2020

En la reciente y muy recomendable saga de «El origen del planeta de los simios» (2011-2017), al virus causante de la extinción humana lo llamaban «la gripe de los simios» a pesar de que los pobres animales no tenían la menor culpa de los experimentos que los humanos hacían con ellos. A la pandemia de 1918 se la llama «la gripe española» porque fue en la prensa de España donde principalmente aparecieron publicadas las noticias sobre la gripe mientras gran parte del resto del mundo se enfrentaba en la 1ª Guerra Mundial y a pesar de que la investigación histórica localizó posteriormente su foco de origen en Estados Unidos.

Sea en la ficción o en la realidad, siempre deberíamos cuestionarnos las cosas y fiarnos muy poco de quienes se afanan interesadamente en poner sobrenombres a los males que acechan a la humanidad, porque normalmente lo hacen para desviar la atención sobre su propia responsabilidad y para generar confrontación. Refiriéndome en concreto al coronavirus, si finalmente se confirma que se ha debido a un proceso de zoonosis, los responsables en realidad seríamos toda la especie humana por nuestra creciente intromisión en la naturaleza a lo largo y ancho de todo el planeta, independientemente del lugar donde haya surgido el paciente cero. Y cuanto más consumimos, especialmente quienes habitamos en el llamado «primer mundo», más responsables somos. Pero siempre cuesta más admitir eso que recurrir a la opción fácil de echarle la culpa a los demás.

Lo hemos visto en infinidad de películas y en los libros de Historia, pero parece que seguimos haciendo oídos sordos a la cuestión elemental de que la suma de nuestras acciones individuales tiene grandes consecuencias globales.

Fotograma de «El origen del planeta de los simios»

23 mayo 2020

Leyendo las reseñas científicas a propósito del actual (y completamente normal) ciclo solar de menor actividad, es fácil acordarse de «Sunshine», la magnífica película de ciencia-ficción que Danny Boyle estrenó en 2007 con guion de Alex Garland (director de la también estupenda «Ex_machina») y con una banda sonora de John Murphy y Underworld que incluía temas tan fantásticos como este Sunshine (Adagio in D Minor).

Portada de la banda sonora de la película «Sunshine»

22 mayo 2020

Con el carismático Will Smith como presentador y el brillante director Darren Aronofsky («Réquiem por un sueño», «La fuente de la vida», «Cisne negro», «Madre!») como productor ejecutivo, «Nuestro planeta» (One strange rock, 2018) es una de las mejores y más cinematográficas series documentales que se hayan hecho nunca. Como asignatura obligatoria, todo el mundo debería ver documentales sobre la naturaleza como estos, comenzando por los políticos, aunque fuera por la fuerza, igual que sucedía en «La naranja mecánica», porque parece imposible que alguien sea testigo de algo así y no sea capaz de maravillarse con el paraíso que es la Tierra y darse cuenta de la imperiosa necesidad que tenemos de protegerla como el hogar nuestro —de todos— que es. Más aún ahora, teniendo en cuenta la crisis sanitaria que vivimos y la sin duda más devastadora crisis medioambiental que nos espera más adelante si no reaccionamos.

Somos unos incautos y unos ingenuos si pensamos que alterar el equilibro del ecosistema en el que vivimos no va a depararnos consecuencias. Si tras superar esta crisis no aprendemos de nuestros errores y seguimos adelante con la desenfrenada maquinaria industrial, si seguimos quemando selvas, derritiendo polos y extinguiendo especies, al final acabaremos perdiendo todas esas posesiones materiales que creíamos tan importantes y nos estaremos autoaniquilando de forma tan inconsciente como merecida. Como parte de nuestra evolución, ahora más que nunca es necesaria una revolución del pensamiento global que priorice el respeto a la naturaleza por encima de todas las cosas. Nos va la vida en ello.

De hecho, no hay que destruir la economía para salvar el mundo, sino reconvertirla en base a un nuevo paradigma que apueste de una vez por todas por la sostenibilidad. Hay muchísimo trabajo por hacer y millones de empleos esperando en esa nueva economía medioambiental hacia la que debemos migrar desde ya. Evolucionemos, aunque solo sea por respeto y agradecimiento, cuando no por amor y admiración al increíble planeta en el que vivimos y al que le debemos todo lo que somos y todo lo que tenemos.

Qué importante es el cine como herramienta educativa.

Imagen de «Nuestro planeta» (One strange rock)

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